martes, 9 de agosto de 2011

Vicios y virtudes de India


Como ya os he comentado en anteriores ocasiones aquí todo lo que uno puede observar es diferente a lo anteriormente vivido. No es que conozca mucho de este mundo que habitamos, no creo que supere el uno por ciento de nuestra querida madre tierra, pero de los sitios que he visitado o recorrido, sin duda este país es el que más me ha llamado la atención. Y de eso os quería hablar hoy; con casi un mes a mis espaldas en esta tierra de dioses, olores, colores y calores creo que ya me veo capacitado para hacer un primer balance de lo que aquí se cuece.
No se cuantos van en la moto....
Ayer estuve viendo un video que grabé recién llegado a Mumbai; era mi entrada en la inmensidad india, una grabación de un Paco Martínez Soria recién aterrizado en la gran urbe, porque uno no puede renegar de sus orígenes, y  un servidor es más de pueblo que las amapolas. Vi ese momento con gracia y recordando mis primeros pensamientos al pisar la tierra de Gandhi. Recordé mis nervios al ver un lugar anclado en el pasado más futuro que existe,  un lugar necesitado de los menos necesitados y atiborrado de los que más necesitan. ¿A dónde he venido? Me preguntaba mientras no podía cerrar la boca ante el asombro que se apoderaba de mi. Con lo bien que yo vivía, ¿qué hago aquí?. Supongo que será uno de los primeros pensamientos que tiene cada persona que llega a esta ciudad, pero que con el paso de los minutos desaparece para dar lugar a una especie de necesidad por conocer lo hasta entonces desconocido.
video


Mi llegada no fue, vamos a llamarla, placentera. Nadie me había ido a buscar por lo que caí en manos del primer timador que por allí se encontraba. Le pagué la mitad de lo que en un principio me pidió para que me acercara al centro de la ciudad. Primer regate en India a un taxista que decía pertenecer a la red del gobierno. Y salimos ganando los dos: el económicamente y yo, pues, ¿Qué podía perder? ¿tres euros? No era mucho con tal de salir de aquel aeropuerto repleto de humedad y grados por encima de treinta. El instinto de supervivencia aparece siempre que lo necesitas así que junto a él me aferré a mi suerte y gracias a la ayuda de mis compañeras de trabajo aquella noche dormí como si nunca lo hubiera hecho. Eso si, con la sensación de estar en otro mundo, en otro tiempo.
MI camita


Pero ya ha pasado casi un mes y las cosas han cambiado. Ya tengo mi cuarto, y ya me manejo con mucha más soltura. Y gracias a esto disfruto, observo y aprendo cada minuto que pasa como si fuera el último.







La primera vez que comí entre indios intenté copiar sus movimientos, sus costumbres. Venía con algo aprendido de casa, como que la mano izquierda no la utilizan para comer ya que es con la que dan por finalizado sus momentos íntimos en el servicio. Es costumbre comer con la mano en este país y si os digo la verdad, me encanta. Con la izquierda debajo de la mesa (así es como lo hacen ellos) utilizo la derecha para apoderarme de los manjares indios. Recuerdo que me habían dicho que aquí iba a pasar hambre (típica frase que se escucha cuando sales de casa, como si en los demás sitios del mundo no se comiera) y de verdad os digo que la gastronomía india es de lo más variopinta a la par que sabrosa. Estoy conociendo la dieta vegetariana y lo estoy gozando como nunca. ¡¡¡Está todo tan rico!!!
Pav Bhaji, no os podeis imaginar lo rico que está

Les encanta el picante, los vegetales, el té, desayunar una especie de paella en la calle por la mañana temprano mientras comentan la jugada y tuercen la cabeza para ver pasar a este personaje dispar a su lado mientras no puedo hacer otra cosa que sonreir y la sonrisa me viene devuelta con un movimiento típico de cabeza y con respeto.


Les encanta el criquet, mascar tabaco y escupir una especie de líquido rojo que te lo encuentras en cada esquina y que alguna vez me tocó sortearlo al salir de sus bocas. 
Son devotos de sus dioses y religiones y son amigos de pararme y preguntarme de donde soy, sin dudar en acompañarme hacia mi destino intercambiando como buenamente podemos impresiones de la vida. Les encanta aprender cosas del lugar del que procedo y a mi me encanta contestarles y ver su cara al imaginarse por allí, quien sabe si algún día, disfrutando como yo lo hago aquí.

En la calle te puedes encontrar multitud de animales. Los omnipresentes cuervos con su odioso graznido, palomas, periquitos del tamaño de un halcón, ratas, ratones, murciélagos, lindos gatitos y otros no tan lindos, cabras, gallinas, ardillas, cientos de hormigas, miles de mosquitos de los que hacen daño y los pobres perros. Estos últimos con la maldición de ser considerados ladrones o violadores en vidas pasadas, por lo que no se cortan un pelo en darles una patada o un escobazo para que se aparten, ante mi impotencia por no poder hacer nada, ya que estoy en su tierra y soy yo el que se tiene que adaptar a ellos, no ellos a mi. Pero me apena ver a esos pobres animales llenos de heridas y quien sabe de que fauna en su piel, que hacen que las llagas sean visibles sin tener que acercarte. Y como no, la vaca sagrada de la india, blancas con su joroba rosa tiran de los carros y comen lo que pueden de las calles, porque sagradas serán, pero pasan hambre, sus delgados cuerpos me lo dicen.
A los indios les gusta sentarse y esperar no se muy bien el que, simplemente se sientan en cualquier lado, y hablan, se miran, se ríen y sobre todo gritan. Les encanta hablar a voces aunque su interlocutor este a menos de medio metro. Les gusta ir agarrados bien de la mano o cogidos por el hombro, eso si, siempre que a la persona que agarres sea de tu mismo sexo; todavía no he visto a una pareja hombre-mujer ir cogidos o besarse en público.
A los niños les gusta simular que están jugando al criquet, van por la calle solos y hacen el ademán de lanzar una pelota imaginaria, soñando con convertirse en una gran estrella de este deporte, aunque alguno no solo lo simula; mis vecinos juegan en el descansillo de la escalera a altas horas de la noche hasta que algún vecino sale a llamarles la atención. Cosas de niños…

Y por último os diré que lo que más les gusta en esta vida es tocar el claxon de los coches. Si tengo que ponerle una banda sonora a este viaje, creo que sería el pitido de cualquier vehículo. Pitan para pasar, pitan cuando están parados, pitan cuando arrancan, y pitan cuando se alejan… es algo exagerado. Y lo más gracioso de todo es que hay zonas en las que puedes ver señales de “Zona de silencio” con una bocina tachada y es ahí donde más puedes escuchar ese sonido que envuelve a esta ciudad amiga del caos, del desorden aunque todo envuelto en una extraña armonía.
This is Mumbai

6 comentarios:

Anónimo dijo...

BER!! me encantan tus comentarios, me ponen los pelos de punta , lo veo a través de tus ojos!!
Un beso (cris escotet)

Berni La Plage dijo...

Gracias Cris!!!! Me presta por la vida!!!! :) Un besu grande grande que va directo para Marbella

Anónimo dijo...

Un saludo, Calvu. Ten cuidaooo, y sigue disfrutando.Manu

Berni La Plage dijo...

Gracias Bull!!! A ver si te animas y vienes por aquí a bulear!!! ;)Un abrazote

Anónimo dijo...

probinos los perrinos jolines, en fin me ha encantado tu crónica de hoy muy gráfica, y la comida tiene una pinta¡¡¡¡¡
un besin
rturner

Anónimo dijo...

Con la camina tan guapa que tienes en Silla del Rey ¡será posible! :-)
Besazos