martes, 7 de febrero de 2012

De casta le viene al indio


Hay días en los que la distancia duele más que otros. Siempre  llevas parte de tu mirada en el recuerdo de tu tierra, de tus gentes. Soy muy dado a imaginarme situaciones cotidianas, y aquí día tras día me imagino algún amigo o un familiar paseando conmigo por esta ciudad y me imagino su cara, unos ojos abiertos como platos que digieren poco a poco lo distinto de este país, de este mundo que es India. Y ya que estamos imaginando, juguemos a pensar que estamos caminando por una especie de larga avenida en la que están todas las castas de India representadas.  Se que es un tema controvertido y bastante complicado, pero intentaré que os sumerjáis dentro del pasado y también porque no decirlo del presente de India.

En todas las culturas existen las clases sociales, pero aquí, aparte también existen las castas, una forma de clasificar a la sociedad establecida por el hinduísmo. La casta es algo hereditario, y existe en India desde el año 2500 a.C aunque fueron los portugueses los que utilizaron esta palabra cuando conocieron por primera vez el sistema social indio, y que era lo que ellos llamaban “varna” y que puede significar “color de piel” o “clasificar y dividir en partes”. La sociedad se dividió en cuatro grupos dependiendo del trabajo que realizaran y auque al principio uno podía elegir su camino dependiendo de sus prioridades o destrezas, cuando el sistema se endureció, cada persona tenía que continuar la labor de su padre y por lo tanto trabajar de lo mismo que él. A partir de este momento la mayor de las desigualdades arrivó a este lugar, quedándose por mucho años.

El hinduísmo cuenta que los seres humanos nacieron del cuerpo de una divinidad llamada Brahmā y que dependiendo de la parte del cuerpo de la que nacieran pertenecería a una casta u otra, y gracias a esta “divina divinidad” existen las castas y éstas se dividen en cuatro:

Los brāhmanes (sacerdotes, maestros, académicos) son la casta más alta, que, según ellos, salieron de la boca de Brahmā.
Los chatrías (clase política-militar), que salieron de los brazos de Brahmā.
Los vaishias (comerciantes, artesanos, ganaderos y agricultores), que se formaron de las piernas de Brahmā.
Los shudrás (siervos y los obreros), que provienen de los pies de Brahmā.

Estas cuatro castas a su vez, y con el tiempo se fueron dividiendo en subcastas, por lo que la desigualdad absoluta se convirtió en la verdadera reina de la sociedad.

Pero existía una sección de la sociedad que era la más marginada y ni siquiera formaba parte del sistema. Eran quienes hacían los trabajos sucios. Incluso se consideraban físicamente impuros y no les estaba permitido mezclarse con las demás castas. Se les conocía como  los parias, los intocables y realizaban su trabajos en los crematorios, o recogían la basura… Incluso los barberos eran de esta categoría. Fue a este grupo social a quien Gandhi llamó ‘harijans’ o los hijos de Dios.

Todo esto es lo que dice la teoría, se habla de que las castas están abolidas y que el sentimiento de intocable ya no existe. Pero yo os voy a hablar desde mi punto de vista, de mi experiencia en este país. No se si en el libro, las castas existen o no, no se si las diversas opiniones que me dieron las personas a las que les pregunté son verdaderas o falsas (y muy dispares entre sí) lo que si se es lo que mis ojos han visto, lo que mi interior ha vivido. No se si denominarlo castas, clases sociales o como mejor os suene, pero aquí, como en cualquier parte del mundo las desigualdades existen, a cada paso que das. Desigualdades a pie de calle, desigualdades en los trabajos, desigualdades en la desigualdad. Los sueldos en una oficina pueden variar tanto que se hace incomprensible. De sueldos millonarios hasta los ochenta euros que puede cobrar al mes “el último mono” (con todos mis respetos) del mismo centro de trabajo. Y con ese sueldo tira para delante de tu familia, aguanta los malhumores de tus superiores y todo esto con una sonrisa en la boca. He notado multitud de desprecios hacia trabajadores de un “menor nivel, humillándolos en público sin ningún temor al sufrimiento que le pudiera estar causando al pobre muchacho reprendido. He visto como les dan de comer paquetes enteros de pan de molde a las vacas que están por la calle mientras al lado de estos animales dos niños semidesnudos rebuscan entre la basura un resto de lo que nosotros nos sobra. Tengo un amigo indio que está enamorado de una chica desde hace años. Ella también siente por él algo especial, pero los limites aquí no los pones tú, los impone la sociedad y al ser de una casta inferior, ese amor nunca se llevará a cabo. He visto multitud de situaciones que me aseguran que las castas siguen instaladas en India, que están aquí para quedarse ya que es la religión la que en este país gobierna, y lo que dicen los que mandan va a misa.

Suerte y salud!


Más indio que los indios 

4 comentarios:

Goyo dijo...

La verdad es que es un sistema totalmente injusto. Nacer predeterminado para ser algo o alguien es incomprensible para nuestra sociedad. Aunque por aquí seguimos teniendo reyes...

A lo que voy, que me alegro de tu regreso al blog, que nos tenías abandonados bribón.

Anónimo dijo...

Menos mal que apareciste. Ya estaba
Paco Lobatón intentando localizarte. Muy bueno y bien documentado lo que nos escribes.El lunes pusieron en la TPA un reportaje sobre India, pero "no pude con él". Bueno Berna, no nos tengas tanto tiempo sin saber de tí. Un besin desde Lué.

Nieves dijo...

Te echaba de menos...

Me parece super super interesante que me hayas esplicado lo de las castas que yo sabía que existian pero no sabía el porque. Hoy sé un poco mas!!

La verdad es que una cosa es lo que las autoridades y políticos nos quieran hacer creer y otra muy distinta la realidad, está claro que la realidad es la que nos cuentas, ejemplo claro lo de estos dos enamorados al estilo Romeo Y Julieta en el siglo 21.

Me alegro cantodad de que estés bien y que vuelvas al blog.

Un besote :)

Anónimo dijo...

Celebro tu regreso al blog y me parece muy interesante lo que nos cuentas, a la vez que increíble en pleno siglo XXI.
¡Tas fechu un indiu!
Un besazo,
Mica