Un día se cruzó en mi camino y no pude rechazarla. Un sueño hecho realidad, una pesadilla menos que cumplir.
La espera se había convertido en un manojo de nervios, un sin fin de dudas recorrían mi cabeza día tras día, ¿por qué yo? ¿Por qué ahora? Solamente había una respuesta que pudiera tranquilizarme: es tu hora Ber, es el momento de enfrentarte a ese país con el que tanto soñaste, de vivir de cerca los olores y sabores de India.
Pero antes de llegar tuve que plantarle cara a lo más duro, al momento que, a pesar de haberlo hecho tantas veces, nunca termino de acostumbrarme. Ayer fue el día de separarme de los míos, y eso me duele en el alma. Pero ha sido un dolor lleno de esperanza, un dolor unido al sentimiento de crecer como persona, de enfrentarme a un mundo infiel a la igualdad.
Siempre dije que nunca te fíes de los comentarios de la gente sobre ciudades y países, más aún cuando esa gente no estuvo allí. Me habían dicho tantas cosas que no sabía cual creer, tantos “un amigo de un amigo me dijo” que no sabía si esto sería blanco o negro, y como todo en la vida, existe el gris. No me encontré niños sin brazos en el aeropuerto, aunque seguro que los hay. El olor, uhmm el olor. Nada que ver a lo que me habían dicho. India huele a especias, India huele a hambre, a ilusión, a tráfico, a castas. India sólo huele a India.
Y ahora, desde esta habitación donde pasaré estas primeras noches os doy las gracias a todos y todas las que me habeis animado o ayudado a estar aquí. A tod@s los que siempre estais a mi lado cuando os necesito, vosotr@s también formais parte de este viaje, vosotr@s sois una parte muy importante de esta aventura. Por lo que esté donde esté, en cualquier rincón de este mágico país, habrá un trocito de vosotros acompañándome y guiándome porque para mi, los mios, sois lo más importante en la vida.
Aquí empieza mi aventura en India, dispuesto a disfrutar cada minuto, a aprender de cada persona que se cruce en mi camino, a crecer tanto personal como profesionalmente. Va por ustedes.
Salud