jueves, 20 de octubre de 2011

Trimestres


Hoy hace tres meses que llegué a la ciudad de Mumbai, lo que conlleva que lleve tres meses viviendo en India. Creo que los días de los calendarios no deben marcar el ritmo de tu vida, pero si que ayudan para recordar periodos de tiempo tan intensos como este por él que estoy pasando, en el que sino todos los días… todos los días ocurre algo nuevo. Por lo que para los diez meses que voy a estar aquí, periodos de treinta días son una buena medida para poder asimilarlo casi todo; y ahora, cuando se cumplen tres periodos …¡¡Vuelven los festivales a India!! y esta vez lo hacen con todo el equipo. Llega Diwali  fiesta religiosa conocida también como el “festival de las luces” y se celebrará durante varios días en todo el país, sobre todo en el norte, un nuevo festival que me dicen que es algo parecido a  la navidad en España, es la entrada del nuevo año hindú. Esto  nos dejará celebrar, cada uno a su manera y Dios en la de todos, unos cuantos días para hacer lo que queramos o podamos. Viajar aquí no es caro, a no ser que lo dejes para el último momento.  Aquí lo que duelen son las horas y los kilómetros, esto es ¡¡tan grande!!  Las familias y los amigos se recorren el país para celebrar con los suyos una de sus fiestas más importantes, así que este sábado me voy a encontrar con un viejo amigo en un lugar, para intentar recorrer una pequeña parte de este gigante asiático. Nuestro plan está más o menos trazado, pero el futuro es mejor dejarlo venir, no hablar de él antes de que llegue, así que el itinerario me lo guardaré para escribirlo dentro de una semana, cuando vuelva de esta, mi primera gran aventura en India. Los anteriores viajes fueron preparándome poco a poco: la llegada a Bombay, las distancias que no siendo muy largas en el espacio lo son en el tiempo, una isla “encuevada” que parecía una selva, y la paz de Goa, me hicieron ver la cantidad de mundos distintos que hay en este enorme mundo que es India.

Tres meses en los que no me ha dado tiempo a aburrirme casi ni un minuto, La vida en la calle es tan intensa que se mezcla en tus sueños con disparatadas aventuras oníricas mientras duermes. Ya lo dije una vez, aquí sueño mucho más y más intenso. Una hora se convierte en ciento ochenta minutos multiplicando por tres tus vivencias.
Así que  la próxima semana os podré contar un poco de lo que se cuece en algún lugar de un gran país, como  decía Duncan Dhu.



“Aquí sigo esperando mi papel en Bollywood, sentado al lado del teléfono”  :P


FELIZ SEMANA Y FELIZ DIWALI



sábado, 15 de octubre de 2011

Y sigo sin entenderlo


Ya hace más de siete días que no os voy a visitar en vuestras pantallas, pero creedme que no ha sido por desgana o falta de motivación. Esta última semana ha sido un poco caótica en todos los sentidos. Después de la última aventura de recogida de premios sin haber hecho nada para merecerlos, el mundo del cine continuó presente en mi vida. Por motivos laborales tuve que representar al turismo de España en una feria e intentar que los productores y directores de Bollywood eligieran ese país como destino para sus próximas filmaciones para la gran pantalla. Y aprovechando que el Nalón pasa por la Cuenca utilicé mis mejores armas para hacer contactos y así, de una vez por todas, formar parte como extra en una película india. Los contactos están hechos y las cartas sobre la mesa, así que simplemente me toca esperar para que la oportunidad llame a mi puerta para colarme en ese mundillo. Está claro que si no le echas cara a la vida, las oportunidades no aparecen por si solas.

Recuerdo que al poco de llegar aquí, la gente me preguntaba si había racismo en este país, y hoy estoy dispuesto a contároslo, le pese a quien le pese. Por supuesto que lo hay, lo hay en cada esquina, en cada familia que duerme en la calle, hacia cada niño que no tiene ni un simple calzón que ponerse y deambula desnudo por las sucias aceras de esta ciudad. Lo hay hacia, lo que aquí llaman, castas inferiores. Está mal visto que yo lave el plato y el vaso que ensucié durante mi almuerzo, porque según la gente, para eso están los “inferiores”. Me hierve la sangre y desobedezco las normas establecidas. Tengo dos manos, cinco dedos en cada una, por lo que ¿por qué no voy a lavar yo lo que he ensuciado? A veces las normas están para eso, para saltárselas (y sino que se lo pregunten a los que las redactaron). También me hierve la sangre ante la escasez de las palabras “gracias” y “por favor” hacia los trabajadores de “menos rango” Me lo habían avisado antes de venir: “Todas las normas de educación que has aprendido hasta este momento, no servirán de nada en India”. Me sorprende el respeto que le tienen a las vacas y sin embargo no hacia otros humanos, por lo que estoy seguro que una gran cantidad de personas les hubiera gustado haber nacido con cuernos y hacer “muuu” en vez de hablar. A veces me preguntan porque la gente de seguridad de los lugares que frecuento y las personas que prestan sus servicios para abrirte la puerta cuando vas a entrar en algún local,  me saludan siempre con una sonrisa. Simplemente es porque nos tratamos como lo que somos: seres humanos. He sentido en mis carnes el rechazo por ser diferente no sin antes desaprobarme con una mirada de desprecio. Es un sentimiento de humillación que no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo. Y esto me ha llevado a comprender que si eres una persona racista solamente puede ser por dos causas: Una es que no hayas sido educado con el concepto de igualdad presente y la otra es más simple; es que no sabes de lo que hablas. No logro entender que alguien que ni te conoce te odie por ser de otro color, o de otra religión o de otro país. No puedo entender que en pleno siglo XXI las personas se sigan odiando, sin saber, que la vida es mucho más placentera cuando el sentimiento de odio no está presente. No logro entender que no nos demos cuenta que cada minuto que malgastas despreciando a alguien es un minuto que pierdes de poder aprender algo de la persona que tienes enfrente. Son tantas cosas que no consigo comprender de este mundo, que regresaré hasta una de las entradas que escribí hace unas semanas para continuar con el sueño que allí empecé, ausente de desigualdades.

Afortunadamente, no todo el mundo es así y hay millones de personas en este país y en el mundo entero que siempre te reciben con una sonrisa, y la energía que desprenden es positiva. Y que así sea por muchos años
Amaneciendo en Goa

Anocheciendo en Goa

¡¡¡Suerte y feliz fin de semana!!!

viernes, 7 de octubre de 2011

Solo se vive una vez


Esa es la traducción del título de la exitosa película de Bollywood grabada en España, o lo que es lo mismo Zindagi na milegi dobara, aunque también es una de las verdades universales por excelencia, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario. No voy a entrar en debates religiosos ni mucho menos, pero hasta el día de hoy sólo conozco una vida, así que me dedico a vivirla como si fuera la última. Para quien no haya visto este road trip os contaré que trata de tres amigos indios que deciden viajar al país de la paella y la siesta para disfrutar de la despedida de soltero de uno de ellos. Allí se dan cuenta que la vida es para disfrutarla, vivirla y aprovecharla ya que nuestros días en el mundo terrenal están contados y cada minuto que perdemos no volverá. La película me pareció bastante maleja pero bueno, el significado es una forma de vida, mi forma de vida. ¿Y por qué hago publicidad gratuita de este film? Pues porque gracias a él me están ocurriendo cosas en este país que si me lo juran antes de venir no me lo creo. Como ya sabéis no hace más de tres semanas vinieron a Bombay dos pedazo de artistas del mundo del flamenco y la cantante del super hit “Señorita” y  gracias a eso dormí en un hotel de lujo. Pero lo de ayer… lo de ayer no tiene nombre. Nos invitaron a una especia de feria en la que diversos países venden sus encantos a los productores de Bollywood para que vayan a rodar sus películas allí. La verdad sea dicha, que un viernes por la tarde noche, lo que menos me apetecía era pasarme casi dos horas metido en un taxi para llegar al lugar donde se celebraría el evento, pero bueno, me comentaron que duraría poco y que después habría un cocktail (que cursi es esta palabra pero que rico que está todo) y que sería divertido. Como es costumbre en este país el acto comenzó con más de una hora de retraso y los inicios fueron duros. Mi estomago no hacía más que protestar, eran casi las diez de la noche y aquí comemos a la una del medio día, por lo que ya iba siendo hora de probar los manjares indios que nos tenían preparados. Pero antes de eso, una sorpresa estaba por llegar. Resulta que la feria también era una entrega de premios cinematográficos y, por supuesto, la película Zindagi na milegi dobara estaba nominada a varios de ellos. ¿Y qué es lo que ocurrió? Pues que lo que iba a ser en un principio un “gorroneo” de comidas y bebidas se convirtió en aplausos y felicitaciones y la recogida de cuatro estatuillas al más estilo “Oscars de Mumbai”. Como éramos los únicos “representantes” de la colonia española en la sala, pues los premios a la mejor película, mejor director y alguna cosa más recayeron en nosotros. Éramos los Garci de la noche, los Bardem de la sala. No nos lo podíamos creer, acudir a un acto sin tener muy claro a lo que íbamos y terminar recogiendo cuatro premios cegados por los flashes de las cámaras, eso, solamente puede pasar en este país. Durante el pinchoteo de después nos felicitaban como si nosotros tuviéramos algo que ver en la película, así que os podéis imaginar la risa que pasamos y durante más de una hora pude sentirme como Berni Tarantino. Ver para creer.
Y aprovechando la circunstancia, quiero dedicar el premio a una persona muy querida por mi, y que este año cometí el error de olvidarme de su cumpleaños. Son tantas las cosas que te ocurren en India, que a veces te superan y hacen que te olvides de los pequeños detalles que hacen grande a la vida. Como diría Pedrito Almodovar, quiero dedicar el premio a mi hermanina Aroa, a la virgen del Pilar y a todos los santos puestos en fila. Y que cumplas muchos más y así de bien. Larga vida a mi gente!!
Salud y suerte

jueves, 6 de octubre de 2011

Experiencias diarias



 Tan solo con pisar la calle en esta ciudad un sin fin de aventuras se acoplan a tus pasos tirando por la borda todo lo que creías. Hace pocos días os contaba que ya no abro la boca cuando deambulo por ahí, ya que, el infeliz de mi pensaba que estaba acostumbrado al ritmo y danza de esta ciudad; una cosa es pensar y otra corroborar. Hoy me he dado cuenta que la caja de sorpresas que esconde esta jungla metropolitana es mucho más extensa que mi capacidad de imaginación.

En medio del tráfico con el carro de patatas
Hoy es el día grande de un nuevo festival que se está celebrando estos días en India (Dussehra) y las calles vuelven a estar adornadas con miles de luces y música ruidosa que hacen que el pitido de los coches quede en un simple murmullo que recorre la cuidad. Y como aquí, cada Dios tiene un festival, hoy tampoco hemos trabajado. Por la mañana me invitaron a la inauguración de una tienda que el padre de uno de mis amigos indios abría en un barrio no muy lejano a mi casa. Hacia allí me dirigí sin tener mucha idea cual era mi destino, pero  al llegar me di cuenta rápidamente donde tendría lugar el festín. Una inmensa multitud de gente se amontonaba enfrente de un pequeño local que a partir de hoy se convertiría en una empresa familiar que se dedica a purificar el agua de Bombay. No hace falta decir que mi llegada revolucionó, más si cabe, a la muchedumbre que allí se juntaba (volví a sentirme el blanco imperfecto de todas las miradas). La gente se acercaba a mi y me daba la mano, me saludaban sonreían como si aquella reunión fuera en mi honor. Me dijeron que al acto inaugural acudiría un ministro del estado de Maharashtra, del que Mumbai es la capital. Éste llegó con más de media hora de retraso y fue recibido con pétalos de rosas, petardos y aplausos. Os tengo que confesar que eso no fue lo que más me impactó, ya que las flores en este país se utilizan para casi todo y los petardos ruidosos son como el pan de cada día. Lo que realmente me llamó la atención fue ver al ministro vestido con su camisa y su corbata y un elegante pantalón  acompañando su vestimenta con unas chanclas de playa y unos calcetines al más estilo guiri de Benidorm. El acto consistió en dar regalos al político de turno y comer guara paos (una especie de hamburguesa india) y unas patatas fritas. Después me presentaron a los padres de mi amigo y como indio blanco que ahora soy, me agaché y les toqué los pies (señal de respeto en este país). Después de comer la gente se esfumó dejándome claro que en cualquier parte del mundo lo más importante de una inauguración es comer “de papo”.  Y como hoy era día no laborable, me dediqué a caminar bajo los treinta y seis grados que calentaban la ciudad.

Baños públicos
Ya por la tarde me acerqué a la farmacia a comprar cereales, pan y agua (si, si, a la farmacia) y después de que se me colaran cinco o seis personas el hombre que estaba atendiendo se acercó a mi, me miró y ni corto ni perezoso empezó a buscar dentro de su nariz algo con tanta ansiedad que preferí no mirar. Cuando acabó, me miró otra vez y me preguntó que quería… “nada,” pensé para mi, ¡¡por lo menos hasta que te laves las manos!! pero esto es India, así que sin más le pedí lo que había ido a buscar, pagué y me fui, con la extraña sensación de que al llegar a casa me podría encontrar una sorpresa en mi compra. Afortunadamente no fue así. Y a continuación intenté comprar tabaco en cuatro sitios distintos; y fueron cuatro ya que en todos me intentaron ver la cara y cobrarme unas cuantas rupias más por el maldito vicio ¡y yo que creía que se me había quitado la cara de guiri!

Así que seguiré alucinando con el día a día, seguiré abriendo la boca para no dejar escapar ningún instante de esta oportunidad que me ha dado la vida, eso si, sin la presencia de mi querida prima, que ya ha abandonado el sueño indio regresando a la verde Asturias con los suyos. Y como ya le dije a ella antes de marchar, Anina, has sido un soplo de aire fresco en mi vida en la loca India.

SALUD Y BUEN FIN DE SEMANA

martes, 4 de octubre de 2011

Distancia entre dos mundos


Según mis últimos experimentos científicos la distancia entre dos mundos es de cuarenta y cinco minutos en avión. Para experimentar esta sensación  es necesario viajar a Mumbai, dirigirte al aeropuerto de vuelos nacionales y tomar un vuelo a Goa. En poco menos de una hora habrás cambiado la jungla metropolitana por la jungla de la naturaleza.
No se sabe muy bien quién fue el primer europeo en pisar India, unos dicen que fue Vasco de Gama, otros que Marco Polo, incluso se habla que fue Alejandro Magno; lo que si se, es que los portugueses llegaron a Goa y decidieron quedarse (no saben nada en el país vecino). Playas que invitan al cuerpo a permanecer en estado de relajación;  palmeras que dan sombra a la sombra de la paz, pajarinos que te despiertan por la mañana haciendo que te olvides del graznido del cuervo, tu fiel aliado a la hora de levantarte para ir a trabajar; incluso cuando tocan el claxon suena diferente, simplemente es una pequeña rotura en el silencio en la pacífica vida de la isla de Goa ( y ya se que no es una isla pero la sensación que allí tuve sólo la había sentido  cuando caminé por pedacitos de tierra en medio del océano).

 La sensación de vivir en medio del barullo y del orden caótico día a día, hace que endurezcas la piel que cubre tus sentimientos, apartando de tu mente todo lo que te rodea para sobrevivir al ruido, a la contaminación y las mareas humanas que habitan esta urbe.

 Pero cuando cambias el mundo terrenal por el paraíso, tu carcasa se transforma en una esponja que absorbe cualquier sensación,  cualquier movimiento hace que te sientas vivo, atento a todo lo que a tu alrededor se mueve, para  no dejar escapar ni tan siquiera el vuelo de una familia de mariposas que nos dio la bienvenida al llegar, justo antes de que veinte taxistas se acercaran a nosotros para montar allí una especie de mercadillo de precios y tarifas por llevarnos a Palolem, el epicentro de mi nuevo oasis en la caótica y inconmensurable India. Un pequeño pueblo de pescadores que cada vez atrae a más turistas en busca de paz y bienestar y que huyen del norte del estado de Goa, en el que la fiesta, los mercadillos  y el trance son su bandera, y como mi barrio es un autentico mercadillo diario, la fiesta no es un elemento presente en mi actual vida y el trance es mi estado desde que llegue a este país, Palolem es el lugar perfecto para romper con los elementos que gobiernan el norte de la región. Con unas chanclas (o cholas si eres de Canarias) y un bañador, la vida transcurre sin prisa y con mucha pausa en mi nuevo paraíso, ajeno al mundo que le rodea, ajeno al progreso. 




Pequeñas callejuelas sin asfaltar, vacas en cualquier esquina del pueblo, pequeños restaurantes rodeados de árboles y una música relajante que hace de banda sonora, te transportan al mayor de los estados de relajación que he experimentado en esta corta vida. Allí el tiempo no pasa, simplemente transcurre y se deja llevar por tus pasos, tu marcas el ritmo.


He pasado mi infancia muy cerca del país luso, ahora he gozado de una de sus antiguas colonias y me quedo con la frase de Siniestro Total, uno de los grupos que más veces he cantado en esta vida: Menos mal que nos queda Portugal

SALUD Y MUCHA SUERTE












miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cambio de estación


 Tan distinto es este país al que procedo que en el clima no podría ser de otra manera. Cuando ahí llega la estación de los románticos, de las hojas en forma de alfombra de la calle, cuando cambiáis el bañador por el chaquetón y las sandalias por las botas y los zapatos cerrados, aquí es época de decir adiós a las lluvias y al viento monzónico para darle la bienvenida al Astro Rey. Casi desde mi llegada la lluvia me acompañó día tras día, quitándote las ganas de hacer gran cosa, porque la sensación de sentirte calado a mi no me gusta mucho. Durante tres meses del año, este país se empapa de una lluvia tan necesaria como impertinente; una lluvia que llena los lagos de la ciudad para poder abastecer de agua a una parte de la población, ya que no todo el mundo puede disfrutar de un bien tan necesario e imprescindible. La sensación del giro de muñeca y apertura de un grifo para encontrar un chorro de vida es un bien que no está al alcance de muchos.
Las estaciones aquí básicamente son tres, aunque por lo que me han dicho, me atrevería a decir que son dos: verano y monzones. Hablan del invierno también, pero cuando me dicen las temperaturas de la estación de la nieve, me sale una pequeña sonrisa pensando en el cálido año que me espera. Aquí, en invierno, ¡¡la temperatura máxima baja hasta veinticuatro grados!! Me froto las manos solo de pensarlo. El haber vivido en la mágica isla de Fuerteventura, sentir en mis carnes el calor de Almería con un traje de recepcionista en pleno agosto, el sol castigador de Madrid en aquellos veranos que duraban cinco meses, disfrazado de botones, pues parece que uno se aficiona al calor: es tan fácil acostumbrarse al sol. Y aquí, éste es justiciero, pero bienvenido, más aun cuando eres asturiano y la lluvia marca los pasos de tu vida.
Atrás quedan las tardes mirando por la ventana viendo llover, con la boca abierta al ver tanta agua caer y desbordar el caos que impera en esta ciudad. Esa es una de las cosas que me han llamado la atención estos últimos días: ya no abro la boca. Al llegar todo me alucinaba, cualquier cosa que veía me impactaba tanto, que sin poder digerirlo se alejaba entre la multitud. Ahora, después del periodo de impacto brutal, disfruto los momentos cotidianos del desorden. Una simple imagen del sol reflejado en una de las casas que veo desde mi ventana, me hicieron ver donde estaba, en que lugar del mundo me encuentro. Y aunque os lo describa con  mil palabras, una imagen vale más, y la tengo grabada en mi memoria. Son esas pequeñas cosas, esos momentos que tan sólo duran segundos, los que hacen que te sientas un afortunado de estar viviendo esta experiencia. Ya no me paran por la calle para hacerse fotos conmigo, supongo que habré perdido mi cara de “guiri flipado” con la que recorría este laberinto. En el barrio ya saludo a los tenderos y ellos ya me ven como el indio blanco que vive en el edificio de la esquina; y eso me encanta.

Disfrutar del otoño que el verano siempre regresa, y sino pensarlo de esta manera: nunca más volverá el otoño de 2011. CARPE DIEM

viernes, 23 de septiembre de 2011

A nadie amarga un dulce


Siempre he sido una persona impaciente, cuando algo pasaba por mi cabeza tenía que hacerlo en ese momento; cuando un acontecimiento estaba por llegar, lo único que quería era que pasaran los días hasta la fecha señalada. Quería vivir todo muy rápido, sin pensar que si no disfrutaba de esos días que tanto me empeñaba en que pasaran volando, dejaría escapar la oportunidad de disfrutar momentos que nunca volverían a ser vividos. Un par de meses antes de venir a este país, me propuse intentar dominar mi impaciencia ¿por qué correr tanto si lo importante es llegar? me dije a mi mismo como recordatorio a utilizar cuando la prisa llamara a mi puerta. Y la verdad que no me costó mucho aclimatarme a ese nuevo estado que estaba empezando a conocer, la paciencia, y digo que no me fue difícil ya que los resultados empezaron a llegar rápidamente, como si fuera el destino el que se quería dar prisa para que me diera cuenta muy pronto de que las cosas con calma se llevan mejor. Y el ejemplo más claro fue, que gracias a la paciencia (y a un poquito de suerte también) la oportunidad de venir a India apareció como por arte de magia. Recuerdo que estaba en Francia trabajando y un crack de la vida me llamó para decirme que me habían concedido la beca. ¡¡Cómo lloré!!... y grité y salté y le di gracias a la paciencia por hacer tan bien su trabajo. Me quedaba poco más de un mes para saltar a este mundo tan distinto y era la hora de poner a prueba más que nunca  la capacidad de controlar los nervios. El instinto salió de su letargo y los nervios se apoderaron de aquella habitación en la que me encontraba. La impaciencia asomaba la cabeza… así que recuerdo que escribí un email a mis amig@s contando la nueva aventura en la que estaba destinado a embarcarme, y de este modo apaciguar el fuego que en ese momento ardía dentro de mí. Respiré hondo…

Desde que estoy aquí no he sentido el placer que produce dormir en una cama, mi amigo el sofá me acurruca todas las noches mientras sueño como nunca lo había hecho; supongo que aquí se magnifica todo, y tu cerebro ve tantas cosas nuevas día a día que por algún lado tiene que explotar.

Vista desde Taj Mahal Hotel
Vista desde mi casa
Ayer organizamos en el trabajo un evento para promocionar el turismo de España en India y a la verbena acudieron ilustres personalidades tanto políticas como artísticas, y como a mi lo que me gusta es el arte, vamos a dejar de lado el otro lado. Un “peaso” de artista de la talla de Jesús Carmona nos deleitó junto con Kike, percusionista, de un espectáculo que me dejó con el alma “aflamencá”. Dos jóvenes con un pasado, un presente y un futuro lleno de magia y arte unidos por la música. También dio un pequeño concierto Maria del Mar, la cantante del exito en Bollywood de “Señorita”.  Y fue al final de este concierto cuando el fruto de la paciencia apareció. Acompañé al bailaor y al mago del cajón al aeropuerto, y a pesar de haber demostrado que eran unos grandes artistas me demostraron ser dos tíos “cojonudos” y  me ofrecieron una habitación que se quedaba libre aquella noche en el Taj Mahal Hotel de Bombay.

 


Le sería infiel a mi sofá, aunque solo fuera por una noche. Dormí en aquella cama como si no hubiera mañana, tenía tantas almohadas que las rifé para ver con cual de ellas pasaría aquellas seis horas que me quedaban antes de ir al trabajo, envuelto en sabanas blancas recién planchadas. Otra vez más, la paciencia dormía a mi lado, esta vez y por primera vez, en un hotel de lujo. Y soñé muy profundo.



Muy grandes


Y la paciencia también ha querido premiar a mi querida prima. Años esperando el momento de venir a este país y por fin ya lo está viviendo; y gozando… ¡¡y lo qué te queda prima!! Nos vemos el viernes en Goa!!

Paciencia. Y todo llega.
Suerte y salud. Y por supuesto un MUY BUEN FIN DE SEMANA