viernes, 16 de septiembre de 2011

Orden caótico

Sun is shining, the weather is sweet así lo decía el mismísimo Bob Marley en una de sus conocidas canciones y eso es lo que cantó ahora cada mañana al levantarme. Después de casi una semana sin asomarme a la ventana blogrera debido a falta de tiempo y también porque no decirlo, a una falta de energía en mi cuerpo, hoy vuelvo a sentarme delante de estas teclas ansiosas por ser golpeadas, como si echaran de menos mis dedos y viceversa. La falta de energía vino dada por el cambio de estación que estamos sufriendo en India. Los monzones poco a poco se alejan dando paso a unos tímidos rayos de sol al levantarte, si bien es cierto que todavía no se puede cantar victoria, porque sin ir más lejos, ayer cayó un chaparrón de los que te dejan calado, pero ya lo hacen de una forma más cobarde, asoman sus nubes, descargan y desaparecen, por lo que la llegada de Lorenzo a estas tierras está cada vez más próxima.

Cincuenta y ocho días en India dan para mucho, y así lo siento. Me da la sensación de que llevo mucho más tiempo aquí, inmerso en esta cultura y esta sociedad apabullante y sincronizada con la desincronización. Cuando llegué os relataba el riesgo que conllevaba aquí cruzar la calle y ahora, como un indio más, domino el arte del esquive de coches, motos, camiones y demás aparatos con ruedas, simplemente es dejarte llevar. En todo este tiempo sigo sin ver un solo accidente, ni un atropello y creerme cuando os digo que me parece imposible. El arte de conducir en esta ciudad debería ser nombrado como bien de interés cultural. Lo que en un principio te parece extremadamente peligroso, con el paso de los días se transforma en un ir y venir de vehículos, guiados por el más coherente de los caos y en el que no tiene cabida la organización; y así les va bien. No me imagino esta ciudad con ningún tipo de orden, no me la imagino sumida en un conjunto de leyes que prohíban hablar por el móvil mientras conduces una moto llevando a dos personas de paquete y a la vez adelantas a dos coches que circulan en paralelo invadiendo el carril contrario; es más, no me imagino el carril contrario. Ríos de gentes inundan las carreteras esquivando todo lo que sale a su paso, ¿Qué viene un camión? Ya se apartará. En medio de este caos circulatorio puedes ver a un agente de tráfico mover las manos y la verdad que no se muy bien para que, ya que no veo que le hagan mucho caso. La gente cruza por el medio de las avenidas y son los coches los que te esquivan, por supuesto entre miles de pitidos, pero a eso uno se acostumbra. Me han dicho que Bombay es de los sitios más organizados para conducir en India… Y aunque me cueste, me lo tengo que creer.

El sábado pasado tuvimos visita en casa. Unos amigos de mi compañero de piso, y aquí en público quiero decir que es una magnifica persona, vinieron a compartir la tarde-noche del sábado con nosotros. “Party party” gritaban al llegar. -Madre mía- pensé, a ver que hora se acuestan hoy estos muchachos y lo más importante, a ver a que hora dejan que me acueste yo. La fiesta consistió en un vaso de whiskey cada uno y un puro habanos que se fumaron entre los seis. Atónito y con mi cerveza en la mano alucinaba cada minuto que pasaba. El subidón del humo cubano hizo que me pidieran que pinchara música para ellos. He puesto música en lugares difíciles, con público extraño incluso pinchando música que odio, pero aquella situación me desbordaba. ¿Qué les pincho yo a un grupo de seis amigos indios en una habitación de mi casa “colocaos” con el veneno de un partagás? Me arme de valentía y rompí con el mismísimo Fary. La fiesta se desmadró; como locos. Me había ganado al público; era hora de jugar fuerte. Bailaron con los Chichos, con Dixebra, con los Mártires del Compás, pero el momento cumbre llegó cuando sonó el tema de “Yo quiero ser gaiteru”. Intentaban repetían la letra mientras brincaban en aquella habitación que cada vez se hacía más pequeña. Fue uno de los momentos más entrañables desde mi llegada a este país, sin lugar a dudas. Y lo que en un principio parecía que se iba a convertir en una noche loca, pronto concluyó, y a las once de la noche cada uno para su casa y aquí paz y después gloria. Como siempre, no deja de sorprenderme esta cultura.

Y ahora toca calma, un fin de semana por delante para disfrutar del silencio, ya que por fin se acabó el festival que durante más de quince días atronó mi tranquilidad y a esperar a mi prima Ana, que el próximo martes la tendré conmigo, dispuesta a disfrutar de este país, a enloquecer con su loca cordura, a vivir intensamente unos días de los que estoy más que seguro que nunca los olvidará. Aquí te espero prima. Bienvenida a India!!!

sábado, 10 de septiembre de 2011

Mumbai: Vida nocturna y su fauna


He sido ave nocturna durante varios años de mi vida; ya bien haya sido trabajando o simplemente disfrutando de la noche como buen hijo de vecino. He conocido la fiesta en varias ciudades alejadas en el espacio, en culturas diferentes, en ambientes distintos, con horarios que nada tienen que ver unos con otros. Podría hablaros de la noche en el mágico Brasil, o en la fría Inglaterra; también la he vivido en Norteamérica u otros países Latinoamericanos. En Europa también he bailado al son del ritmo alemán, o de la nuit parisina y otras ciudades del país galo; incluso en el país de los tulipanes he hecho mis pinitos y he vivido la dolce vita italiana. Tampoco se me ha dado mal los fados portugueses  Pocas ciudades españolas se han escapado de mis pasos de baile y todo esto para darme cuenta de que la noche es igual en todos los lugares del mundo. Puede cambiar la decoración del local, la música, el ambiente, la moda o los precios de las bebidas, pero he llegado a comprender que en la noche lo importante es la compañía, el círculo en el que te muevas ya que como os he dicho creo que la “party” es igual estés donde estés: es fiesta y para la cama. Pero toda mi teoría se ha venido abajo en este país. Tengo muy claro que no he venido aquí a disfrutar de las fases lunares, no está dentro de mis propósitos, pero bueno, una vez al año no hace daño y por fin he conocido la marcha de Bombay. Como no podía ser de otra forma, aquí es distinta, aquí la vida nocturna y su fauna me han dejado con la boca abierta.
He estado en varios locales y cada uno es de su padre y de su madre. Comenzando por el internacionalmente conocido Hard Rock Café; he visto en medio de la noche como dejaban de servir copas para asistir al baile, al más puro estilo Coyote Bar, de todos sus camareros al son del YMCA; lo tenían preparadísimo, una coreografía ensayada por semana les subía a lo más alto del local para deleitar a las mocinas allí presentes. Esto tampoco es algo que me llamara la atención, he visto bailes mucho más obscenos y cutres en mi corta vida, pero sería el aperitivo de lo que la noche me tenía preparado.
Aquí para moverte necesitas del transporte público, en este caso son los famosos rickshaw o Tuk Tuk, los que te trasladan de un local a otro, y que cada vez que me montó en uno vienen a mi cabeza recuerdos de cuando conducía aquel motocarro para repartir desayunos por Oviedo. Cogimos tres para llegar a nuestro próximo destino, y fueron tres ya que el primero no tenía ni idea a donde nos dirigíamos y tuvimos que bajarnos, el segundo se quedo sin motor en medio de un cruce y el tercero agotó su última gota de combustible antes de llegar al lugar elegido, por lo que terminamos nuestro viaje andando. Al llegar a la disco, fue ahí donde mi idea sobre la noche cambió por completo. Unos ciento cincuenta hombres y unas cinco o seis mujeres abarrotaban la sala bailando los últimos hits de la música india. Me dio la sensación de viajar en el tiempo a finales del siglo pasado, como si acabará de entrar en la discoteca Aruba, puntera allá por el año 1990 en mi Vetusta natal. Unos bailaban mirándose al espejo,  retocándose el tupé, gustándose mucho.  Otros danzaban agitando su cuerpo como si de una coreografía de “los bailes de gimnasia del colegio” se tratara. Otros simplemente miraban a aquel grupo de blanquitos que estaban en la pista de baile, preguntándose como demonios habrían acabado allí, y sacando, con disimulo, fotos de aquel momento diferente a cualquier otro día de fiesta desenfrenado al ritmo del “Del pita pita Del”. Un chico se acercó a mi para que le acompañara en su baile “bollywoodiense” pero ante mi torpeza, el joven prefirió deleitarme con unos pasos al estilo George Dan bailando break dance. Perdonen la expresión, pero aquello fue acojonante. Pocas veces me he reído tanto ya que el baile era de lo más… (nota del autor: elijan ustedes entre las siguientes calificaciones) hortera, cutre, ridículo, divertido, estilo eurovisión… Cada risa que yo soltaba hacía que el chaval se viniera arriba, subía, bajaba, patadita de Bisbal, movimiento de cintura; algo único, de verdad os lo digo. Cuando se acabó la canción se acercó a mi, me estrechó la mano y desapareció ente la muchedumbre del local. Tardé varios minutos en olvidar aquel momento y con Alberto, un tío andaluz majo donde los haya nos echamos a reír como si hubiéramos asistido a un show de Faemino y Cansado.
Otro lugar que conocí fue un restaurante japonés que por la noche se convierte en una especie de discoteca. La decoración me encantó, parecía como si te trasladaras a un templo budista, pero la música… lo más moderno que allí se podía escuchar era el primer éxito de Boney M, y da gracias. Y todo esto en poco más de tres horas, ya que aquí a la una y media cierran el chiringuito, a la una y treinta y uno encienden las luces y a y treinta y dos la policía está en la puerta para que se cumplan estrictamente los horarios.
La noche fue algo así como parte del cuento “Alicia en el país de las Maravillas” muy psicodélica; y para finalizarla, cogí un taxi para volver a casa indicando al taxista si conocía algún local para comprar tabaco, a lo que él asintió. Después de callejear un poco allí estaba él; un hombre con una bicicleta llena de bolsas de plástico en las que cabía todo tipo de cosas. Así que después de regatear con el “portador de necesidades nocturnas”, que quería cobrarme casi el doble del precio normal, me volví a subir al taxi para terminar una “alocada” noche  en esta ciudad que cada día me sorprende con algo nuevo. ¿Qué será lo siguiente? Pues os lo diré ahora mismo. Encontrarte una rata en la cocina de tu casa por la mañana al levantarte.
Esto es India. Ver para creer.

martes, 6 de septiembre de 2011

De buen nacido es ser agradecido



 
Si me aseguran antes de embarcarme en esta aventura por las tierras de Gandhi, del curry y el picante, del cielo azul que se torna en negro en tres segundos, de los festivales ruidosos en honor al silencio de sus dioses; si me aseguran que viviendo tantas experiencias nuevas día tras día, hora tras hora, centímetro a centímetro, paso a paso; si me aseguran que después de ver tantas caras diferentes, tantas vidas dividas por la sin razón de las desigualdades, tanto mundo destruido en un país en construcción; si me aseguran antes de venir que esto es un profundo sueño, me lo hubiera creído.  
 Un sueño del que no me quiero despertar ya que cuando uno sueña no percibe la realidad como realmente es, y este país es real a la par que irreal. En un país en el que miles de personas se mueren de hambre leo en las noticias que una de sus principales ministras envía su jet privado a por unas sandalias que se olvidó en otra ciudad y que incluso mandó construir una carretera privada desde su casa hasta su lugar de trabajo, y esta carretera se limpia cada vez que la usa. Esto no es un país de contrastes, esto es un país de locos. Aunque está claro que esto pasa en todos los lugares de la tierra, por lo que prefiero seguir pensando que estoy soñando y que cuando quiera me puedo despertar y ver que la realidad es otra (pobre infeliz).
Si me aseguran antes de venir que voy a ver crecer rascacielos bajo los cimientos de la más mísera pobreza, si me aseguran que lo que a mi me cuesta un menú del día (ochenta rupias o lo que es lo mismo un euro y veinte céntimos) es para otros muchos el sustento económico de varios días, si me aseguran que el sentimiento hacia las ratas va a ser de lástima al ver a los cuervos devorarlas vivas, si me lo aseguran antes de venir… seguiría viviendo mi sueño desde el más profundo de mis sentimientos oníricos. ¿Para qué despertar?

Por eso prefiero vivir soñando, creando mi propio mundo, mientras la justicia permite las mayores injusticias basándose en castas, religiones y demás desavenencias inmorales a la moralidad.



Porque esto es India, y no es ese país que te pintan en el que todo el mundo medita y se eleva dos palmos del suelo ajenos a una realidad demoledora. Aquí muchos se limitan a llegar al día siguiente, a sobrevivir entre montones de basura y perros despellejados, valorando otros motivos para seguir vivos, tales como la vida, este juego en el que algunos tenemos la suerte de tener las mejores cartas y otros simplemente esperan a que tu juegues tu mano y quedarse con las sobras.


 
Pero aun así este país tiene magia, precisamente por eso, por que la gran mayoría de las personas que aquí viven lo hacen como si fuera su último día, ajenos a los problemas ajenos ya que con los suyos ya tienen bastantes. Y claro que hay gente que vive bien e incluso muy bien, pero no creo que sea un porcentaje elevado. Y por eso siempre digo que soy un afortunado, ya que tengo una casa, un trabajo y sobre todo porque os tengo a vosotr@s, aunque sea en la distancia. No os podéis imaginar cuanto noto vuestro aliento y vuestros ánimos a modo de comentarios, porque vuestras palabras valen más que todo el oro del mundo, gente que ni conozco fuera del mundo virtual me apoya en este espacio que comparto con cada un@ de vosotr@s, el cual es la razón por la que prefiero seguir soñando y creyendo que un mundo mejor es posible. Dos mil gracias a cada un@ de l@s que leéis este blog y me apoyáis; las más de dos mil visitas que ya llevamos las vuelvo a convertir en dos mil besos y abrazos para ustedes, porque realmente sois l@s que hacéis que merezca la pena escribir.

Salud y lo mejor de lo mejor en vuestras vidas, de todo corazón.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Templos, cuevas y vacas


Cada día me doy más cuenta de lo distinto que es este país a todo lo que conozco ¿os imaginais que en España prohibieran el alcohol los días de fiesta o en una verbena de verano? Empezaremos por el principio:
Como anteriormente ya había comentado se celebra en estos días la festividad de Ganesha; ya me habían avisado que era un festival muy ruidoso y que todo el mundo se echaba a la calle. Pero ¿cuánto de ruidoso? No tuve más que esperar a la primera noche para darme cuenta. En el pasillo de la entrada a mi casa, como en muchas otras entradas, instalaron un escenario lleno de luces y colores. Por el día se mantenía en calma pero cuando llegó la noche, ¡ay cuando llegó la noche! Unamos fiestas populares como la Descarga de Cangas, el Carmín de la Pola y cualquier escenario de la fiesta de tu pueblo, y eso multipliquémoslo por dos. Yo ya me había acostado dudando entre si marchar a la mañana siguiente o esperar un día más para relajarme en casa ya que esta semana ha sido un poco más atareada que las anteriores. Mis dudas desaparecieron a los dos minutos de empezar la juerga debajo de mi casa. Sentí la batucada que sonaba como si estuvieran conmigo dentro de la cama, los organillos al más puro estilo Camela india retumbaban sin cesar en las paredes de mi cuarto. Cientos de petardos estallaban unidos a los gritos de la gente que se aglomeraba justo debajo de mi ventana lanzando al aire cánticos en honor a sus dioses, por lo que rápidamente decidí poner pies en polvorosa a la mañana siguiente; y aunque al poco tiempo parecía que se había acabado la fiesta, eso no fue más que un espejismo. Cuando casi estaba conciliando el sueño el primo indio de Carlinhos Brown con todo su equipo empezaron a aporrear los tambores como si no hubiera mañana. El salto que pegué hizo que me incorporará como si de una bailarina carioca se tratara para de esa forma apaciguar mis nervios. Nunca agradecí tanto la existencia de los auriculares y, en compañía de mi admirado Iker Jiménez, me quedé dormido consiguiendo aislarme de aquel atronador ruido que allí abajo se cocinaba.

A la mañana siguiente escapé de la gran ciudad sin saber muy bien a donde me dirigía. Me dieron unas breves indicaciones que al final no tenían mucho que ver con lo que en realidad tenía que hacer, pero como bien es sabido, todos los caminos conducen a Roma. Me advirtieron que no cogiera otro autobús que no fuera un Volvo, y yo pensaba que sería todo un Gran Confort. Nada más lejos de la realidad. Me olvidé que Volvo sólo es una marca, no quería decir nada más… No es que me vaya a volver un sibaritas a estas alturas de la película, pero… ese olor al entrar en el autobús me sacudió durante todo el viaje y más aun cuando el chico que iba sentado a  mi lado levantaba los brazos uniendo sus manos para apoyar la cabeza y dejaba escapar de sus axilas lo más parecido al olor de un tatami de gimnasio. Después de tres horas llegué a mi destino: Lonavala, o eso creía yo. Por allí no se veía ningún pueblo por lo que pregunté a un policía que por allí andaba y me dijo que el pueblo estaba a unos seis kilómetros, que esperara que seguramente pasaría algún taxi, pero realmente me apetecía caminar por lo que eché a andar con el monzón amenazándome a cada paso que daba. El policía me decía algo, y por los gestos que hacía le quise entender que si estaba loco, que como iba a ir caminando hasta el pueblo. Asentí con la cabeza y seguí mi ruta, convencido de que si iba hasta mi destino por mis propios medios algo divertido me ocurriría, y así fue.
Amiguinos que me fui echando por el camino

Lo primero fue ver como una ardilla salía a  mi paso y me miró fijamente. Me quedé quieto observándola y cuando me dispuse a sacar la cámara de fotos para inmortalizar aquella historia de amor, simplemente desapareció, seguramente consciente de que soy un ser humano y por lo tanto capaz de acabar con su vida en menos que canta un gallo. El camino por aquella carretera pronto se torno en subida a puerto de montaña. Sudaba por zonas de mi cuerpo que jamás pensé que pudiera sudar, pero una brisa que anunciaba que las lluvias no tardarían en llegar, hacía que la subida fuera menos dura. Respiré al llegar a una zona llana y tome aliento para continuar la marcha. 
Y allí estaba ella: una vaca enorme en medio de la carretera, impasible ante el tráfico que por allí pasaba haciendo que los coches, camiones, autobuses y demás vehículos que inundan las carreteras de este país, la sortearan sin apenas inmutarse.

Luego me di cuenta de que es muy común que estos animales sagrados campen a sus anchas por el asfalto, siendo éste el único momento en que los conductores dejan de usar el claxon. Respeto total por este animal.
A mitad de camino poco más o menos sentí detrás de mi el rugir de un potente motor. Al girar la cabeza vi a tres hombres subidos en un tractor y al verme se pararon en el arcén invitándome a subir con ellos y acercarme hasta el pueblo. Allí entablamos una incomprensible  conversación en la que ninguno de los cuatro nos enteramos de nada pero que a la vez hizo que nos riéramos ante aquella situación tan rocambolesca como divertida.
 








Llegué al albergue que había reservado por Internet, alejado del mundanal ruido y disfrute del silencio, el cual me había abandonado desde que tome el avión para venir a vivir a la ciudad de Mumbai, No me podía creer que no hubiera coches, ni cuervos ni nada que no fueran vacas pastando a mi alrededor rodeadas de montañas y una lluvia que volvía a hacer acto de presencia. Disfrute aquel momento como si fuera el último, sin saber cuanto tiempo duraría aquella paz que allí se respiraba. Paseé entre aquellos campos verdes respirando por fin un aire limpio y lo hice hasta que la lluvia se convirtió en aguacero y la noche cayó sobre mi sin apenas darme tiempo a llegar a lo que aquel día sería mi hogar. Pedí una cervecilla para finalizar el día y es ahí cuando me dicen que en época de festivales está prohibido el alcohol…me quedé de piedra, pero por supuesto, respeto, y lo cambié por un poco de agua.  Y luego me fui a dormir, no sin antes ver como un sapo se paseaba por la parte exterior de la ventana, como si con él no fuera la cosa.
 

Por la mañana el monzón desayunó conmigo diciéndome que la visita a las Cuevas de Karla iban a estar pasadas por agua, pero no me importó, ya que estaba allí no iba a dejar que la lluvia me aguara la fiesta, así que bien temprano partí de aquel albergue en el que pasé la noche. Y lo que es la vida, poco antes de llegar a la montaña donde se encuentran las cuevas la lluvia cesó, se quedó suspendida en el aire y me dejó disfrutar de aquella maravilla sin apenas mojarme. Unas cuevas que te transportan más de veinte siglos atrás y te dejan sin palabras ante la belleza que allí se expone. Piedras talladas con la mayor de las precisiones hacen que te quedes sin palabras y pienses en el arte como un regalo del más allá, de un poder divino. El entorno es espectacular: montañas verdes, cascadas y un aire limpio y puro me permitieron gozar de aquello como el que más. Y cuando me disponía a abandonar aquel paraíso vi como a lo lejos, en manada, se acercaban cientos de escolares que venía a disfrutar de un día de excursión en unas cuevas construidas por monjes budhistas allá por el siglo II antes de Cristo. Y con ellos, también llego el agua, por lo que descendí la montaña disfrutando del paisaje, y esta vez si, de un agua que me había respetado y  purificaba aquel momento por el que había pasado.

Porque os aseguro que lo de ir al centro de Osho va a ser que no. Como todo en esta vida, ya sea religión, filosofía o sea lo que sea, todo está envuelto por el manto del capitalismo, del consumismo desmesurado y yo no necesito que nadie me diga lo que tengo que hacer a cambio de un buen puñado de euros. Al final te das cuenta de que todo se mueve por dinero y que realmente la magia de todo está en hacer lo que tu cuerpo y tu mente te piden sin tener que dar explicaciones a ningún enviado.
Buen fin de semana!!!


Karla Caves
El paisaje que rodeada las cuevas es espectacular
El interior de las cuevas
De esta guisa me dejaron al entrar en el Templo...
Arte, arte y más arte
 

Pequeña ventana en el interior de una cueva
Las esquinas parecían tener fuego

lunes, 29 de agosto de 2011

Agua y más agua


Ya llevo en esta ciudad  la mitad de lo que tardó Willy Fog en dar una vuelta al mundo y todavía no conozco una centésima parte de este entresijo de callejuelas y largas avenidas repletas de baches que es Mumbai. Otra semana que empieza agotando los días de un Agosto pasado por agua al que los monzones parece ser que no le quieren dar ni un pequeño respiro. Hace casi cinco días que empezó a llover y todavía no ha parado. Mi barrio se ha convertido en una inmensa piscina de agua turbia y colillas flotantes, y os aseguro que ninguna de ellas es mía, ya que el otro día volví a caer en la trampa de dejar caer una al suelo para que en ese mismo instante una mano tocara mi hombro para recordarme, bajo el módico precio de 200 rupias, que está prohibido ensuciar la ciudad. Me entró la risa, ya que miraras a donde miraras solo podías ver montones de basura adornando el suelo y las calles carentes de algo que se parezca a una papelera. Aquí es donde me surgen las preguntas estúpidas  y pongo en duda el refrenero español, me explico:

Dicen que es mejor prevenir que lamentar; ¿no sería mejor poner papeleras y dar un trabajo de barrendero a esos chicos que tienen paseando por las calles a la caza de algún pardillo que arroja con disimulo al suelo una colilla? Pues no, mientras haya dinero por el medio es mejor lamentar que prevenir.

Otro refrán que hasta el momento se me ha venido abajo es el de “Nunca llovió que no parara”. Querid@s amig@s, aquí las gotas de agua son del tamaño de un garbanzo, tan solo con pisar la calle ya estás empapado. Caminar por la calle es lo más parecido a hacerlo por la orilla del mar, aquí no hay charcos, todo es un mismo charco que te cubre por los tobillos y cuidado por donde caminas, no lo hagas muy cerca de la carretera sino quieres que el primer coche que pase te cale hasta lo más profundo de tu ropa interior, y lo digo con conocimiento de causa, y con vuestro permiso me ahorraré los detalles…

Una cosa que me encanta de India es la cantidad de días festivos que tenemos, creo que son quince días al año, aparte de las vacaciones. Esta semana por no ir más lejos se celebra la festividad de Ganesh o Ganesha que todos la conocereis por su imagen con cabeza de elefante. Esta semana pasada ya  paseaban su figura por la ciudad, eso si, cubierta con plásticos ya que del monzón no se libra ni Dios, y le brindaremos un bonito homenaje ausentándonos de nuestro puesto laboral durante el jueves y el viernes. Personalmente y si el tiempo lo permite partiré de la gran ciudad rumbo a Pune, que como dicen por aquí queda muy cerca, sólo a cuatro horas en bus. En este país las distancias no se pueden medir con el mismo baremo que en Europa, ya que para ellos cerca es un recorrido entre Oviedo y Madrid. Cerca de Pune se encuentran unas cuevas budistas que datan del siglo II antes de Cristo y que me muero de ganas de visitarlas así como el complejo de meditación de Osho, uno de los filósofos mas controvertidos de este país y que arrastra a millones de personas, sobretodo occidentales. Todavía está por ver, pero me gustaría pasar una noche allí para comprobar de lo que es capaz mi cuerpo en un lugar tan místico como ese centro, por lo que intentaré dialogar un poco conmigo mismo para seguir conociéndome un poco más. Frases como  “La verdad está dentro tuyo. No la busques en otra parte”  o “Mantén tu curiosidad si quieres que los misterios se abran para ti” o también “La sociedad ordinaria es como un pisapapeles en ti: No te permitirá volar”  han hecho que su filosofía haya calado en mi, en un momento, podría llamarlo “esponja” por el que mi vida transcurre. Empápate de todo lo que puedas para poder desechar lo que no te interese, podríamos decir. Espero no tener que bailar y dar palmas como la última vez que acudí a una primera cita con lo desconocido…

Hoy he recibido las fotos de uno de los  últimos acontecimientos del que fui partícipe antes de venir a India: las fotos de la boda de Aroa y David, y os puedo asegurar que casi echo la lagrimilla. Estoy encantado aquí, feliz de vivir una experiencia única y tan fructífera desde el primer momento que llegué que a veces pienso que me gustaría que el tiempo se detuviera para poder aprovechar cuarenta y ocho horas al día algo que posiblemente no vuelva a pasarme en la vida, pero cuando veo a mi gente, no se, una melancolía invade mi cuerpo y me recuerda que sin los míos no soy nadie, lo importante que es estar rodeado de buena gente, de amistades puras y de amigos del alma y de tu familia. Pero ahora estoy aquí, y eso es lo bueno que tiene poseer esos tesoros humanos que tengo en la vida, que pase el tiempo que pase ahí seguirán, como si  la distancia y los días del calendario no fueran importantes para nosotros, y cada reencuentro fuera una oportunidad de seguir disfrutando de nuestra compañía. Por siempre.

Salud.

lunes, 22 de agosto de 2011

Celebrando nacimientos

Es difícil explicar con palabras e incluso con imágenes todo lo que puede llegar a ocurrir en un día en esta ciudad. Acostumbro a levantarme temprano los fines de semana, es algo a lo que me aficioné desde pequeño y que me encanta hacer. Mi cuerpo no pide muchas horas de sueño así que a las siete y medio u ocho ya suelo estar danzando por el mundo de los despiertos. A esa hora, el ritmo de vida aquí ya es acelerado, no voy a decir frenético pero si puedes escuchar decenas de pitidos de coche y mercaderes por las calles colocando sus puestos de frutas y verduras. Si esperas un par de horas, a las diez de la mañana de un sábado, mi barrio se convierte en un mar de multitudes, un no parar de personas que vienen y que van por aceras, que sospecho que hace años que se quedaron pequeñas, por lo que la circulación de viandantes por la carretera, cada minuto que pasa, se hace mayor.


Estos días la ciudad está revuelta; manifestaciones de miles de personas en contra de una de las lacras que invaden el mundo, la corrupción, se adueñan de las grandes avenidas de Mumbai y de otras ciudades del país guiados por el activista indio Anna Hazare, al que también se le empieza a conocer como el nuevo Gandhi.  Es increíble la cantidad de gente que puede arrastrar esta lacra en su contra, todos unidos por un mismo motivo. Bueno, no es increíble, lo que si lo es, es que siga existiendo tanta corrupción en este mundo.

También está revuelta la ciudad debido a los festivales que en esta época se celebran aquí. Hoy se celebró lo que aquí se conoce como Govindas, las torres humanas,  y la verdad que nunca pensé que un acontecimiento como éste llenara las calles de cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes con ganas de trepar unos encima de otros y de divertirse de esa manera. Camiones abarrotados van recorriendo la ciudad para ver a las demás peñas escalar hasta conseguir llegar a su objetivo: una especie de cuenco en lo alto de la calle que tienen que romper para coger lo que lleva dentro.





Hoy también se celebra el nacimiento de la Diosa Krishna y me habían invitado a acudir a una, no se como llamarlo, ceremonia, fiesta o vamos a dejarlo en una reunión de unas doscientas cincuenta personas para rendir homenaje a una de sus diosas por excelencia. La verdad que no me apetecía mucho asistir a tal evento, no soy muy participe de las celebraciones religiosas en pequeños grupos, pero decidí que lo mejor que podía hacer antes de opinar era ir, y ver lo que allí se cocía. Os lo resumiré brevemente: estuve más de tres horas sentado en el suelo dando palmas y escuchando los cánticos de los allí presentes y viendo las ofrendas de sus fieles a la Diosa Krishna. Reía para dentro pensando ¿pero tío, donde te has metido? Que si Hare Hare, que si Krishna Krishna, todo ello acompañado de timbales, órganos, guitarras eléctricas y demás instrumentos de percusión. A mi alrededor todos y todas portaban vestidos tradicionales indios y yo allí, con mi camiseta del Gran Lebowski aplaudiendo como uno más. Con el paso del tiempo aquello se animó y empezaron los bailes. Yo no sabía donde meterme, todo era muy divertido, no lo voy a negar, pero me parecía tan surrealista estar allí en medio que no podía dejar de reírme conmigo mismo. Y como no, llegó el momento que yo no quería que llegara: me sacaron a bailar con ellos. Pues bueno, ya que estoy aquí, ¿por qué no? Y venga Hare Hare, palmas palmas patuca “pallí” patuca “pallá” y todo ello bajo la amistosa mirada de los que allí se encontraban, ya que  no hace falta aseguraros que era el único varón blanco en la fiesta. Pero bueno, siempre creí en el “Allá donde fueres haz lo que vieres” y más en honor a una Diosa que gracias a Ella tuve un fin de semana de tres días. Que menos podía hacer que echar unos bailes a su salud. Es bueno en esta vida probar de todo, empaparte de las demás culturas para poder hablar de ellas y opinar. Además, hoy también se celebra el cumpleaños de mi padre así que uno de los bailes que me eché fue dedicado para él. ¡¡Feliz cumpleaños!! Aquí os dejo un vídeo anterior al momento en que salí a la palestra... 
Y no me puedo olvidar del sábado, día de San Bernardo, y no lo digo por mi, poco tengo que ver con los santos, pero si me acordé mucho de una persona muy especial para mi, de mi Ángel de la Guarda, mi queridísimo abuelo. Ese día siempre lo recordaré por las comidas familiares, por su presencia entre nosotros, por lo bien que siempre me hizo sentir estar a su lado, y que aunque hace años que ya no está, yo lo siento muy cerca de mi todos los días, protegiéndome y llenando mi vida de eso que la gente llama “suerte”.

Y me gustaría acabar la entrada de hoy con una pequeña reflexión: me apena ver en la distancia que el país del que vengo esté tan dividido. Todo lo que leo desde aquí son noticias de enfrentamientos entre los ciudadanos: que si el futbol, que si la política, que si la religión. Está vida es muy corta como para pasarla discutiendo todo el día. Vive y deja vivir, respeta y hazte respetar que aunque no lo parezca LA VIDA ES BELLA.
SUERTE Y SALUD 


miércoles, 17 de agosto de 2011

Festivales, timos y demás andanzas


Da lo mismo en el lugar en el que te encuentres, no importa que estés en el hemisferio norte que en el sur, en Europa, que en Asia que en cualquier otro continente. Puede cambiar el idioma, puede cambiar la forma de vida, la gastronomía, la cultura. El clima puede ser distinto, la moda, las costumbres, los horarios. También puede cambiar la forma de trabajar, la intensidad de las emociones, las reglas establecidas, los medios de transporte, los dulces, los vicios. Todo depende de en que parte de este extenso planeta fijes tu residencia.  Pero si de algo estoy convencido es que allá donde estés, ya sea de vacaciones, viviendo o simplemente pasando unos días por motivos laborales, da igual lo que hagas, que si en ese lugar, por remoto que sea te topas con una multinacional, tienes todas las de perder. Me explico (aunque no creo que haga falta): los únicos problemas que he tenido desde mi llegada a India han sido con bancos y compañías de teléfono. Cambié de banco para venir a este país ya que me dijeron que con el que actualmente trabajo, o mejor dicho, el que actualmente maneja mis humildes rupias, no me cobraría comisiones al sacar dinero en ningún cajero…MENTIRA. No voy a dar el nombre de dicha entidad porque no seré yo el que haga publicidad de estos dueños del mundo, pero tras más de una semana esperando por algún tipo de contestación, algún tipo de disculpa y devolución de esas comisiones (tres euros por cada diez sacados) ésta sigue sin llegar. Quizás estén de vacaciones, pagadas con nuestro sudor y nuestras humildes aportaciones obligatorias, o también llamadas “comisiones engañosas”. Esperaremos un poco más a que se tomen el siguiente mojito en una playa mientras yo trabajo para ellos.
¿Andamios? si, si pero de bambú

Durmiendo a la vera del tren
La otra multinacional es de telefonía, tampoco voy a dar el nombre pero si un apodo, la llamaré “Timofone”. Hace casi una semana contraté sus servicios por un precio más que asequible para un europeo en India, aunque para alguien de aquí ya no sería tan “chollo”. La conexión me la vendieron como “la creme de la creme” aunque lo que no me dijeron era que esa creme estaba caducada. Solamente la pude disfrutar un día y después de ir, venir, volver a ir, volver a venir y así unas cuantas veces sigo sin poder conectarme con el mundo virtual; eso si, ellos ya disponen de mis servicios monetarios desde el primer instante. ¿Y qué quiero decir con esto? Pues que no importa quien seas ni lo que hagas, ni donde estés, para ellos simplemente eres un número más en su extensa lista de clientes pringados.


Y ya que todo lo que os acabo de contar estoy seguro que lo habeis vivido alguna vez en vuestra vida, ahora nos ceñiremos a algo más agradable, algo con más magia, un país que aunque esos peces gordos, engordados a base de nuestro pienso, estén tan instalados como en cualquier parte del mundo, te permite soñar con que un mundo distinto es posible.

Da gusto sentir el calor humano de la gente, que sin apenas conocerte te invitan a sus casas, se preocupan por tu bienestar e intentan resolver las dudas que te surjan sin esperar nada a cambio. Estoy lejos de casa, pero aquí, por lo menos con las personas con las que me he topado han conseguido que en todo momento me sienta arropado. Y claro está que no todo es oro lo que reluce, también me he encontrado con gente poco deseable (seguro que trabajan para esas multinacionales de las que antes hablaba J ) pero son una mínima proporción. Dicen que los indios están locos y no lo pongo en duda, una ciudad como Mumbai puede volver loco a cualquiera: el tráfico, el picante, la pobreza, la riqueza, la multitud de gente que camina por la calle, las infraestructuras sin estructura, el incansable ruido, los cuervos (pulsa aquí para sentir el poder de los cuervos)… aunque también me atrevería a decir, que para estar aquí tienes que estar un poco tocadín del ala. No es un lugar para relajarte, no es un paraíso como decía Mecano en su famosa canción dedicada a Hawai y Bombay, que cada día me convezco más de una cosa: o bien nunca estuvieron aquí o lo hicieron porque rimaba. Pero es un lugar lleno de emociones, un lugar en el que cada paso te enseña a dar el siguiente. Una ciudad en la que tienes que estar muy despierto, en la que el silencio todavía no ha encontrado su lugar.  Y más ahora que se acerca la época de festivales. La ciudad se viste de gala para empezar a disfrutar de un montón de fiestas y celebraciones; el próximo lunes se celebrará la festividad de Govindas algo parecido a los castelleres de Cataluña, torres humanas por toda la ciudad convertirán está ciudad en un hervidero de emociones, y yo estaré ahí para verlo y poder contároslo.




La temida grua.
Y cambiando de tema, hoy he probado la comida china-india, una mezcla entre dos gastronomías distintas aunque mezcladas entre si; y ¿que quereis que os diga?, me quedo sin la mezcla, ¿acaso os comeríais una fabada mediterránea? Hay cosas que es mejor dejarlas como están, así que me limitaré a comer los manjares con los que este país te deleita y no haré más pruebas con platos venidos desde más allá de estas vastas fronteras. Hoy he sentido el picante en lo más hondo de mi digestión. Me estoy acostumbrando a la comida vegetariana con mucha más facilidad de la que yo pensaba, eso si, a veces sueño con un buen chuletón con patatas y como no, una botellina de sidra… o dos;  pero bueno, ya habrá tiempo para eso. Ahora estoy en India y es tiempo de disfrutar de esta cultura... ¡¡y como me gusta!!

Agencia de viajes a pie de calle

Salud para tod@s!!!!