lunes, 15 de agosto de 2011

Fiestas, trabajos y cine


No cabe duda de que, como en todos los lugares del mundo, India tiene sus propias fiestas nacionales. El día 15 de Agosto se celebra el Día de la Independencia, día en el que este país pasó a autogobernarse después de más de cuatrocientos años de dominación europea,  dejando a un lado al gobierno británico que hasta aquel momento ejercía como patrón de un país “caramelo” para todos los demás estados; no hace falta recordar que Colón intentaba llegar a India por un camino más corto cuando se encontró con el Nuevo Mundo y lo colonizó, que no lo descubrió. Desde ese momento, el 15 de Agosto de 1947, hace hoy sesenta y cuatro  años, India pasó de ser una parte de la toda poderosa Inglaterra a un país adolescente recién salido de casa de sus progenitores con ganas de crecer y realizarse como nación, sin la supervisión de nadie. El 89,5% de los indios consideran este día como el más importante de su historia; el sentimiento patriótico aquí es grande y la sensación de libertad hace que los indios amen a su tierra como a sus Dioses, prueba de ello era la cantidad de banderas naranjas, blancas y verdes que adornaban la ciudad y las vestimentas de casi todos los transeúntes.


Mucha gente del campo emigró a las grandes ciudades, como Mumbai, para encontrar un futuro mejor, una nueva oportunidad en la vida, lejos de la pobreza y del hambre, pero como a tantos inmigrantes, estos dentro de su propio país, la pobreza les siguió y se instaló en sus vidas para siempre. 




No es raro ver familias enteras durmiendo a las orillas de las carreteras, bajo plásticos, en el mejor de los casos, sino a la intemperie.







Los trabajos aquí son de lo más variopinto: las tiendas que te encuentras por las calles están mezcladas como si de un centro comercial callejero se tratara; una tienda de móviles, a su lado una que vende ladrillos, otra que trata con cereales y legumbres de todos los tipos, camiserías, farmacias que venden leche o patatas fritas junto a cualquier medicamento, obviamente.  En la misma acera, enfrente de las tiendas están los vendedores ambulantes con sus frutas, cafés, cazuelas llenas de te, vegetales (que te recomiendan lavar con lejía, por si las moscas). Y también hay tiendas que no se muy bien lo que venden, por más que intento descifrarlo no lo consigo; allí está un señor sentado, sin nada alrededor, mirando por la ventana, algo difícil de comprender aunque seguro que algún sentido tiene.
 En una acera de doscientos metros puedes encontrar todo lo que quieras y sino con doblar la esquina seguro que allí lo tienes. Son mercaderes y como tal se pasan el día con la compra-venta y el regateo. Hay trabajos mucho más duros de lo que uno se pueda imaginar; ves a un chico tirando de un carro lleno de bombonas de butano entre todo el tráfico, a su lado pasa otro con fardos de no se sabe que en la cabeza que posiblemente doblen su altura. Recogedores de basura en los contenedores intentando rescatar bien sea comida o material para reciclar a cambio de unas pocas rupias. Hay infinidad de trabajos, sin seguridad social ni lugar a ponerte enfermo, y ellos simplemente lo hacen, sin protestar.




Sin duda alguna, las personas más encantadoras de esta ciudad son los niños. Les encanta ver una cámara de fotos y posar para ella; les gusta sonreírme cuando nos cruzamos entre la multitud. El otro día una niña de nos más de diez años me encontró por la calle y decidió acompañarme un poco en mi camino de vuelta a casa. Me iba preguntando de donde venía, a qué me dedicaba; también me preguntó por mi nombre y ante la imposibilidad de repetirlo simplemente sonrió, como si no importará como te llamas para poder entablar una amistad de cinco minutos. Hacen la vida tan fácil que muchas veces pienso en todo lo que tenemos que aprender de ellos. Me hace gracia estar comiendo, tranquilamente en un bar y ver como alguien se acerca, me mira y me dedica una sonrisa, que sin duda, hace que disfrute, más aun si cabe, de la deliciosa comida india.




Niños y no tan niños posan encantados

Mi casa está situada en un típico barrio indio, de mano creo que no he visto todavía a ningún blanquito por aquí. Vivo en un edificio de catorce plantas en el cuarto piso. La casa tiene una habitación ocupada por mi compañero de piso Aman, un chico del norte de India y con el que desde el principio he mantenido una muy buena relación. Hay una cocina, un servicio y un baño con una ducha que también se utiliza para lavar la ropa. El salón hace la función de entrada a la casa y también es mi habitación. No tengo una cama como tal, duermo en un sofá, pero estoy en India ¿de qué me puedo quejar? Tenemos la suerte de tener agua durante todo el día ya que disponemos de un tanque que todas las mañanas llenamos; aquí el agua es un bien muy preciado y solamente se dispone de ella desde las seis y media hasta las ocho y media de la mañana.
y pensar que me multaron por tirar una colilla al suelo...
Motoristas resguardándose de la lluvia

 






Mucho nos queda por aprender de los animales











Y como todo el mundo sabe, aquí en Mumbai se encuentra la mayor factoría de cine del mundo, Bollywood. Ayer, ni corto ni perezoso, me acerqué a uno de los estudios de este famoso mercado cinematográfico. Quería preguntar como hacer de extra en una película, pero creo que no elegí el sitio adecuado. Intenté entender a la mujer que estaba en la recepción de aquel lugar, no sin antes tener que convencer a los dos guardias de seguridad de que solamente venía a informarme. Y lo que entendí es que hay que ponerse en contacto por escrito primero; repito, eso es lo que entendí, así que eso haré para convertirme en un auténtico extra de Bollywood. Con esto de que España está de moda aquí, gracias a  la película rodada por esas tierras  y la canción de moda en India es su banda sonora, que sin quererlo ni beberlo lanzó al estrellato a María del Mar Fernández, intentaré aprovechar el tirón y demostrarles que mi notable en la asignatura de  teatro en la época del instituto no fue fruto de la casualidad; sacaré al Alfredo Landa que llevo dentro y me marcaré unos bailes al más puro estilo indio: coreografías muy movidas y bailes dignos de elogio, ya que un día intenté imitarlos y casi termino en el  suelo. Todo en esta vida es práctica, claro está. Así que quién sabe, cualquier día me veis haciendo el indio en una de sus múltiples películas… ¿os imaginais? Estrella invitada: Berni Laplage J
El futuro está por decidir.


Incongruencias II









Graffitis









Los de seguridad de mi trabajo ¡qué buena gente!


Algunos de los camareros donde suelo comer por semana. El sacar la cámara se convierte en todo un acontecimiento




Motocarros llenos de bombonas de butano
Van dos en moto y cae el del medio...


























FELIZ SEMANA

jueves, 11 de agosto de 2011

Trabajo y meditación


Hoy os quiero hablar de mi vida cotidiana aquí en Mumbai. Empezaré por contaros algo de mi trabajo, que realmente, gracias a eso estoy en este país, ya que hacía muchos años que tenía la intención de visitar la inmensa India pero para eso necesitas tiempo y dinero, y no es que yo sea alguien que anda sobrado de ambas cosas, así que gracias a esta oportunidad laboral que la vida me ha brindado  he conseguido realizar uno de mis sueños, por lo que creo que es el momento de daros algunas pistas de lo que aquí hago.
Aquí lo de prevención de riesgos laborales no se lleva mucho


Estoy como becario de la Oficina de Turismo de España en India, y nuestra labor no es otra que intentar vender el país de la paella, las sevillanas y la siesta en un mercado tan amplio como es el indio. Hasta hace poco tiempo España no era un destino elegido por esta población como lugar de vacaciones, hasta que una película de cine hizo que un sentimiento multitudinario despertara y quisiera conocer el país donde la gran mayoría de vosotros se encuentra en estos momentos. A la oficina acude gente para intentar planificar su viaje, para que le demos ideas de lo que poder hacer y ver en un país hasta hace poco desconocido. Yo personalmente me estoy encargando del marketing para agencias de viaje y desde hace dos días también estoy preparando una presentación para la visita del Ministro de Turismo de España que visitará Mumbai en el próximo mes de Septiembre. Parece que suena a algo importante, pero tampoco es para tanto. Hoy en día todos sabemos hacer presentaciones con el ordenador, así que puedo decir que, posiblemente sea una de las primeras veces que disfruto con lo que hago. Mis compañeras me tratan muy bien y me han ayudado en todo lo que he necesitado.

Después de trabajar, como alguna vez ya he comentado, suelo caminar, perderme por el barullo de esta ciudad intentando encontrar un oasis de calma, que por supuesto no existe.Vídeo del tráfico en Mumbai (pincha aquí) Todavía no he visto una calle desierta, o un lugar sin ruido así que simplemente camino empapándome de nuevas aventuras y paseos a ninguna parte, que al final son los que más me impresionan. Ir a la aventura es parte de este juego, y siempre ha sido algo a lo que  no me ha costado acostumbrarme. No saber que hay al otro lado de la esquina me llama la atención, por eso siempre intento doblarla para saber que es lo que allí me espera, lo que me deparará el destino; y en tan poco tiempo he visto tantas cosas que no sabría deciros cual es la que más me ha impactado.

Otra mis aficiones es intentar aprender un poco de este idioma, el hindi, y aunque vaya muy poco a poco espero que al final de este capítulo de la vida pueda entender algo de esta lengua tan distinta a todas las que hasta ahora he conocido. No se si se escribirá así pero suena tal como esto: bayá es hermano, didí hermana, malum entiendes y kitna e cuanto es. Recordarlo y así podremos mentir en los curriculums y poner, algo a lo que estamos acostumbrados con el ingles, nivel medio alto en hindi. J

Uno de mis principales propósitos en este viaje era introducirme en el Reiki, una práctica  considerada como medicina complementaria y alternativa que trata de lograr la sanación o el equilibrio de la persona que lo recibe a través de la imposición de las manos. En mi época en Fuerteventura traté de acercarme a esta actividad, pero el lugar al que acudí no me dio buenas vibraciones por lo que desistí. Sabía que algún día llegaría a mi, sólo tenía que tener paciencia; y esa paciencia ha durado más de cinco años. Hoy por medio de una compañera de trabajo conocí a una persona que me presentó a Prasad, un maestro de esta práctica, un chico joven lleno de vitalidad y energía, con una mirada que parecía poder ver dentro de ti. Llegamos a su casa ya empezada la meditación. Sentí una sensación que nunca antes había vivido; algo invisible circulaba en aquel cuarto y decidí empaparme de ello. Allí me senté, con más de veinte personas en silencio a intentar conectar con mi interior. Os puedo asegurar que fue algo mágico. Mientras sonaba una música capaz de calmar al más fiera, aquel chico con su voz armoniosa hablaba  sobre la paz y el bienestar. Al llegar me sentía un poco extraño pero al cabo de diez minutos mi cuerpo se serenó y logré echar fuera de mi todo ese manojo de nervios que me ha acompañado en mi vida día tras día. Me sentí aliviado e incluso sentí caer dos lágrimas por mi mejilla, fruto del bienestar y de la serenidad que mi cuerpo estaba experimentando. No me atrevo a decir si ha sido una experiencia mística o quien sabe qué, pero ha sido algo muy gratificante y lo repetiré la semana que viene. Otro sueño cumplido, otra experiencia vivida. Y lo que queda…
Salud y buen fin de semana

martes, 9 de agosto de 2011

Vicios y virtudes de India


Como ya os he comentado en anteriores ocasiones aquí todo lo que uno puede observar es diferente a lo anteriormente vivido. No es que conozca mucho de este mundo que habitamos, no creo que supere el uno por ciento de nuestra querida madre tierra, pero de los sitios que he visitado o recorrido, sin duda este país es el que más me ha llamado la atención. Y de eso os quería hablar hoy; con casi un mes a mis espaldas en esta tierra de dioses, olores, colores y calores creo que ya me veo capacitado para hacer un primer balance de lo que aquí se cuece.
No se cuantos van en la moto....
Ayer estuve viendo un video que grabé recién llegado a Mumbai; era mi entrada en la inmensidad india, una grabación de un Paco Martínez Soria recién aterrizado en la gran urbe, porque uno no puede renegar de sus orígenes, y  un servidor es más de pueblo que las amapolas. Vi ese momento con gracia y recordando mis primeros pensamientos al pisar la tierra de Gandhi. Recordé mis nervios al ver un lugar anclado en el pasado más futuro que existe,  un lugar necesitado de los menos necesitados y atiborrado de los que más necesitan. ¿A dónde he venido? Me preguntaba mientras no podía cerrar la boca ante el asombro que se apoderaba de mi. Con lo bien que yo vivía, ¿qué hago aquí?. Supongo que será uno de los primeros pensamientos que tiene cada persona que llega a esta ciudad, pero que con el paso de los minutos desaparece para dar lugar a una especie de necesidad por conocer lo hasta entonces desconocido.


Mi llegada no fue, vamos a llamarla, placentera. Nadie me había ido a buscar por lo que caí en manos del primer timador que por allí se encontraba. Le pagué la mitad de lo que en un principio me pidió para que me acercara al centro de la ciudad. Primer regate en India a un taxista que decía pertenecer a la red del gobierno. Y salimos ganando los dos: el económicamente y yo, pues, ¿Qué podía perder? ¿tres euros? No era mucho con tal de salir de aquel aeropuerto repleto de humedad y grados por encima de treinta. El instinto de supervivencia aparece siempre que lo necesitas así que junto a él me aferré a mi suerte y gracias a la ayuda de mis compañeras de trabajo aquella noche dormí como si nunca lo hubiera hecho. Eso si, con la sensación de estar en otro mundo, en otro tiempo.
MI camita


Pero ya ha pasado casi un mes y las cosas han cambiado. Ya tengo mi cuarto, y ya me manejo con mucha más soltura. Y gracias a esto disfruto, observo y aprendo cada minuto que pasa como si fuera el último.







La primera vez que comí entre indios intenté copiar sus movimientos, sus costumbres. Venía con algo aprendido de casa, como que la mano izquierda no la utilizan para comer ya que es con la que dan por finalizado sus momentos íntimos en el servicio. Es costumbre comer con la mano en este país y si os digo la verdad, me encanta. Con la izquierda debajo de la mesa (así es como lo hacen ellos) utilizo la derecha para apoderarme de los manjares indios. Recuerdo que me habían dicho que aquí iba a pasar hambre (típica frase que se escucha cuando sales de casa, como si en los demás sitios del mundo no se comiera) y de verdad os digo que la gastronomía india es de lo más variopinta a la par que sabrosa. Estoy conociendo la dieta vegetariana y lo estoy gozando como nunca. ¡¡¡Está todo tan rico!!!
Pav Bhaji, no os podeis imaginar lo rico que está

Les encanta el picante, los vegetales, el té, desayunar una especie de paella en la calle por la mañana temprano mientras comentan la jugada y tuercen la cabeza para ver pasar a este personaje dispar a su lado mientras no puedo hacer otra cosa que sonreir y la sonrisa me viene devuelta con un movimiento típico de cabeza y con respeto.


Les encanta el criquet, mascar tabaco y escupir una especie de líquido rojo que te lo encuentras en cada esquina y que alguna vez me tocó sortearlo al salir de sus bocas. 
Son devotos de sus dioses y religiones y son amigos de pararme y preguntarme de donde soy, sin dudar en acompañarme hacia mi destino intercambiando como buenamente podemos impresiones de la vida. Les encanta aprender cosas del lugar del que procedo y a mi me encanta contestarles y ver su cara al imaginarse por allí, quien sabe si algún día, disfrutando como yo lo hago aquí.

En la calle te puedes encontrar multitud de animales. Los omnipresentes cuervos con su odioso graznido, palomas, periquitos del tamaño de un halcón, ratas, ratones, murciélagos, lindos gatitos y otros no tan lindos, cabras, gallinas, ardillas, cientos de hormigas, miles de mosquitos de los que hacen daño y los pobres perros. Estos últimos con la maldición de ser considerados ladrones o violadores en vidas pasadas, por lo que no se cortan un pelo en darles una patada o un escobazo para que se aparten, ante mi impotencia por no poder hacer nada, ya que estoy en su tierra y soy yo el que se tiene que adaptar a ellos, no ellos a mi. Pero me apena ver a esos pobres animales llenos de heridas y quien sabe de que fauna en su piel, que hacen que las llagas sean visibles sin tener que acercarte. Y como no, la vaca sagrada de la india, blancas con su joroba rosa tiran de los carros y comen lo que pueden de las calles, porque sagradas serán, pero pasan hambre, sus delgados cuerpos me lo dicen.
A los indios les gusta sentarse y esperar no se muy bien el que, simplemente se sientan en cualquier lado, y hablan, se miran, se ríen y sobre todo gritan. Les encanta hablar a voces aunque su interlocutor este a menos de medio metro. Les gusta ir agarrados bien de la mano o cogidos por el hombro, eso si, siempre que a la persona que agarres sea de tu mismo sexo; todavía no he visto a una pareja hombre-mujer ir cogidos o besarse en público.
A los niños les gusta simular que están jugando al criquet, van por la calle solos y hacen el ademán de lanzar una pelota imaginaria, soñando con convertirse en una gran estrella de este deporte, aunque alguno no solo lo simula; mis vecinos juegan en el descansillo de la escalera a altas horas de la noche hasta que algún vecino sale a llamarles la atención. Cosas de niños…

Y por último os diré que lo que más les gusta en esta vida es tocar el claxon de los coches. Si tengo que ponerle una banda sonora a este viaje, creo que sería el pitido de cualquier vehículo. Pitan para pasar, pitan cuando están parados, pitan cuando arrancan, y pitan cuando se alejan… es algo exagerado. Y lo más gracioso de todo es que hay zonas en las que puedes ver señales de “Zona de silencio” con una bocina tachada y es ahí donde más puedes escuchar ese sonido que envuelve a esta ciudad amiga del caos, del desorden aunque todo envuelto en una extraña armonía.
This is Mumbai

lunes, 8 de agosto de 2011

Ber, el rey de los monos


Hoy sentí la necesidad de escapar de la gran urbe y perderme por alguno de los múltiples parajes que rodean esta gigantesca ciudad. Amaneció con el cielo casi despejado, y aunque esto no quiera decir que el día va a ser soleado decidí no esperar a ver la evolución del tiempo y con mi incansable mochila salí a la calle dispuesto a recorrer nuevos mundos cercanos. 
Como buen dominguero me acerqué a Colaba, la zona más turística de Mumbai, esta vez  cámara en mano, y rodeado de otros tantos amantes del séptimo día de la semana, todos ellos ataviados con sus mejores galas. Fui partícipe del abarrotamiento popular de las Puertas de la India, o como aquí se llaman, Gateaway of India, monumento construido en 1924 para conmemorar la visita del rey Jorge V a este país trece años antes de su construcción; pero también una puerta realizada con la intención de dar la bienvenida a todos los visitantes a este lugar mágico, de este país lleno de contrastes y diversidad de culturas.
 Y lo que es la vida, unos dicen hola y otros adios, como fue el caso del imperio británico, que se despidió desde este punto de una colonia que fue suya hasta entonces, allá por la  mitad del siglo pasado. 

Desde este lugar zarpan pequeños ferrys a una isla que está a poco más de una hora de Mumbai, llamada Elephanta Island; ese sería mi destino para el día de hoy. Parten barcos cada diez  minutos y en el que yo viajé había una diversidad cultural difícil de imaginar: rusos, israelitas, judíos ortodoxos, pakistanís, familias enteras de indios, americanos y un asturiano (con parte de alma gallega) dispuestos a disfrutar de un lugar lleno de vegetación y templos hindús que datan del año 600. El día se había nublado, pero nada iba a empañar ese pequeño viaje al pasado que acababa de comenzar.


Con los nervios de ver cosas nuevas me olvidé de llevar cualquier tipo de víveres, ni tan siquiera una botella de agua y durante el viaje me pregunté si allí habría algún lugar para comprar algo para pasar el día. Esto es India, el lugar del mercado y del negocio y nada más llegar vi que allí solo faltaba un supermercado. Decenas de mercaderes repletos de comida y bebida esperaban a los turistas que llegaban en manadas dispuestos a pasar una agradable jornada dominical.




La isla es pura selva; el verde predomina ante cualquier otro color, árboles y plantas se mezclan ente sí construyendo un paisaje amazónico difícil de olvidar.

 Decidí acelerar el paso y tomar la cabeza del grupo con el que había viajado en el barco, y al ser un día no laboral la gente se lo tomaba con calma, por lo que no me fue difícil perderlos de vista pronto. Al empezar a ascender hacia el monte donde se encuentran las cuevas me encontré de frente con Paryania (Dios de la lluvia) y su inseparable monzón, pero fueron respetuosos y se fueron pasados quince minutos para dar paso a un sol que amenizó mi excursión durante casi todo el día.






Las cuevas son cuatro y sin duda la primera es la más llamativa. Allí se pueden ver talladas en la misma piedra esculturas de los dioses hindús más importantes: el Señor Brahmā (el creador), el Señor Vishnú (el preservativo) y el Señor Śiva (el destructor del universo).


  

Varios guías se acercaban a mi para ofrecerme sus servicios, pero si os soy sincero, siempre me gusto viajar a mi aire, prefiero imaginarme las cosas, que aunque a veces seas erróneas, siempre son más fantasiosas y creativas que la realidad; cuestión de gustos. 






Pequeño templo dedicado a Shiva
Y gracias a hacerlo a mi manera me encontré con un  policía que rezó para mi dentro de una cueva (vídeo), a una pareja de maños muy majos que viajaban por India con los que mantuve una conversación amistosa y muy productiva, y hasta con un grupo de indios que me pidieron sacarse fotos conmigo como si de una atracción más de la isla se tratara, a lo que accedí encantado. Son gente tan cercana y llana que uno se siente, no como un bicho raro, sino como una unión entre culturas dispares en el espacio y en el tiempo. Con cuatro frases y poco más de veinte palabras que aprendí a decir en hindi conseguí acercarme más aún a esta gente encantadora que alucinaban al ver a alguien con la cabeza afeitada y con los ojos claros, algo nada común por estas tierras.
 

Continué mi aventura colina arriba para ver vestigios de la colonización británica. Dos enormes cañones estratégicamente colocados defendían antaño una isla con vistas al mar y rodeada de selva virgen. 

Allí me encontré con nuestros antepasados: los primates. Varios monos acechaban las mochilas de los que por allí investigábamos, y lo hacían de una forma poco cordial, más bien agresiva y desafiante. Afortunadamente son asustadizos, por lo que si les plantas cara suelen salir corriendo y trepar por los árboles para ponerse a salvo del animal más destructivo y peligroso que existe: nosotros, los humanos. Y digo esto porque me dio mucha pena ver aquella masa forestal repleta de botellas de plástico y basura que no llegó hasta allí de otra forma que por el descuido y el no saber estar que llevamos por bandera.



Interior del tren








La verdadera jungla


Después de recorrer la isla decidí volver a la verdadera jungla, a la ciudad en la que ahora vivo y tomar el tren para volver a casa. Es divertido viajar como lo hacen ellos, sin puerta que te separe de las vías y con una barra a la que agarrar tu vida mientras los trenes van y vienen.  El tren, como ya os dije, es otro mundo y aquí os dejo un vídeo del viaje entre estación y estación para que podais comprobarlo por vosotros mismos.
 Hoy es domingo y el tráfico de gente apenas existe, así que imaginaros esto con cientos de miles de personas  abarrotando los vagones.
SALUD Y FELIZ SEMANA


Por la ciudad te puedes encontrar todo tipo de edificios
                        






jueves, 4 de agosto de 2011

DIA DE CONTRASTES. LA DURA REALIDAD



Cada día que pasa el picante se hace más agradable y digestivo, y cuando hablo de picante no me refiero al tabasco, eso aquí es como una mermelada de frutas. Los sabores de India me resultan mucho más llamativos que los olores. Y como gran fartón que me considero lo pruebo todo. Cualquier cosa que se acerca a mi boca la ingiero con gusto y sin pensarlo dos veces y hasta ahora puedo aseguraros que nada de lo que he comido ha sido desagradable para este estomago triturador que poseo. Aquí todo pica, hasta la sopa de tomate, que antes de empezar a comerla pensaba que iba a ser parecida al gazpacho; nada más lejos de la realidad. Yo más bien lo llamaría gazpacho del infierno.

Antes de comenzar esta aventura me habían dicho que cada día iba a ser distinto al anterior, que abriera bien los ojos y que intentara no dejar escapar imágenes que quizás no se volverían a repetir, momentos jamás vividos que nunca volverían a serlo. Creo que no seré capaz a acostumbrarme a situaciones que hoy, un día de contrastes, he vivido tan de cerca. Se que lo que os voy a contar ahora es duro, pero es la realidad en la que vivimos.
Mientras el monzón mira de reojo amenanzando las calles con inundarlas en menos de lo que canta un gallo, que por cierto son habituales por estos lares cruzando entre los coches y sin apenas inmutarse, he vuelto a salir al laberinto de estrechos callejones y largas avenidas a ver lo que me deparaba el día. La primera punzada a mi estomago ha sido ver como cientos de moscas se daban un festín a base de dos ratas muertas en plena acera aprovechando hasta el último gramo de carne; y lo que es el morbo, allí me quedé mirando como se las zampaban. Con esa imagen en mi retina continué deambulando por la ciudad de los ricos y los pobres un tanto perdido, no sabiendo muy bien a donde dirigirme y me topé de bruces con un anciano enfermo sentado en la acera muy cerca de aquel banquete de roedores a la carta. Al hombre le faltaba un brazo y el otro simplemente era un muñón carcomido por la lepra. Y es tal la impotencia que sentí por no poder hacer nada que decidí continuar caminando,  maldiciendo mi cobardía ante tal situación. Se que no puedo arreglar el mundo, lo se, pero algo dentro de mi me golpeó con mucha más fuerza de la que os podais imaginar. Traté de asimilarlo convenciéndome de que aquella situación la volvería a ver una y otra vez en un país donde desgraciadamente la lepra golpea a los más débiles sin apenas compasión, y tanto es así que no tardé mas de dos minutos en ver, esta vez a un niño de no más de 10 años con partes de su cuerpo mutiladas por esa maldita enfermedad. ¿qué se puede hacer ante esto? volví a preguntarme si podría cambiar esta situación de alguna manera. Mi instinto me dijo que si, pero rápidamente el sentido común me puso la zancadilla y me hizo volver a la vida real; una realidad con más de 3.000.000 enfermos que no saben cuando se acabará el túnel por el que circula su vida, ausente de calidad y de compasión de los demás transeúntes. Se que no hay vacunas o si las hay son muy caras, se que no hay salida para esta pobre gente, pero eso no me tranquiliza, no es razón suficiente para que pueda acostarme por la noche sin que se me venga a la cabeza que este mundo es injusto, y aun más con los que menos tienen. Sólo pido que su calvario sea lo menos duro posible. Sólo pido que este mundo se de cuenta de lo afortunados que somos algunos y de que la sombra en donde habitan los más desdichados es mucho más larga que la luz que brilla en nuestras idílicas vidas.
Hoy no hay fotos, sólo un momento para la reflexión.

martes, 2 de agosto de 2011

Mumbai, entre el cielo y la tierra


¿Qué mejor cosa puede hacer uno que después de trabajar dar un paseo para evadirte del mundo laboral? Con mi cámara en mano y un letrero en la frente que dice “no soy de aquí” (aunque creo que podríamos prescindir de tal etiqueta ya que se ve a leguas que vengo de otro mundo) recorro las calles de esta alocada ciudad buscando cosas nuevas. La verdad es que no hace falta buscar, simplemente van apareciendo situaciones que incluso me tengo que dar algún pellizco para saber si lo que estoy viendo es realidad o solamente un sueño. Aprovechando que los monzones nos están dando un pequeño respiro y que no se sabe cuanto puede durar, me adentro por callejuelas llenas de vida acompañada de miseria y pobreza. Y no es que te tengas que ir lejos para observar estas situaciones, simplemente con doblar la esquina puedes encontrarte un coche cuyo valor supera la riqueza (pobreza) de una familia entera que descansa unida a los pies del imparable ascenso económico de una ciudad que es como el día y la noche. De repente un anciano se acerca a mi y comienza a hablarme mientras intento entender una sola palabra de lo que me dice. Pero esto es India y aunque no entiendas, si que comprendes.

 El hombre mira mi cámara y posa para mi. “Tankiu” me dice con una sonrisa y se aleja cual estrella de Bollywood después de sentirse uno más de ese mundo hecho sólo para algunos privilegiados. Simplemente con un click consigues sacar algo tan preciado como una muestra de felicidad, escondida detrás del reflejo de la dura realidad.

Me pierdo entre edificios coloniales de la época inglesa que en su día seguro que fueron mansiones de poderosos británicos y hoy son el eco de una era pasada, de un mundo lejano en el tiempo y del que apenas solo quedan los cimientos. Y todo ello rodeado de vegetación tropical, nido de infinidad de mosquitos que esperan a que el sol se esconda para empezar su “jornada vampiral”, con perdón de la expresión.







El tráfico sigue siendo caótico, no importa la hora que sea. Autobuses escolares, camiones dignos de una feria zíngara, motocicletas convertidas en sidecares ya que pueden llegar a transportar a cuatro o cinco personas a la vez, eso si, es obligatorio que el conductor lleve casco.
Subir o bajar de autobús en marcha es algo cotidiano









 Y bordeando este caos, está el maravilloso mundo del tren. Decenas de miles de personas utilizan este medio de transporte; unos sentados, otros de pie y otros simplemente haciendo malabares en las puertas de unos vagones abarrotados que todavía no entiendo muy bien como pueden llegar a su destino.







Los trenes en India....un mundo aparte


Con la lección aprendida por hoy, decido retirarme después de un largo día, mientras esquivo a cientos de personas que intentar lo mismo que yo, llegar a casa, relajarse y poder pensar en  la suerte que tengo de estar en India.


Esperando para ser afeitado






En medio del caos te puedes encontrar pequeñas casas como salidas de un cuento

Las bicicletas son para el verano




Cruce de caminos.... a cualquier lugar